Javier Roldán Dávila

La derrota moral civilizatoria es vivir bajo el imperio de la ley…del más fuerte

Ingrid Escamilla había denunciado meses atrás a su victimario, por alguna razón (que bien pudo ser el desdén y la corrupción que privan en las fiscalías), se desistió de su demanda.

No obstante, no hubo una trabajadora social, un sicólogo, que diera seguimiento al caso y, de ser necesario, la conminara a continuar con el proceso legal. En este caso, el espíritu que priva en la ley se resume con un: es tu pedo.

Como resultado, el asunto acabó en tragedia y a pesar de la violencia con la que fue asesinada, no hubo ningún auxilio, sus gritos se perdieron, a priori, en la sordera oficial.

Por lo que toca a la escoria que la mató, recibe cama, ropa y comida a cargo del erario, no fue ingresado a un reclusorio, para protegerlo de la predecible agresión de otros reos. Ya en calidad de homicida, recibe atención sicológica.

Además, algún depravado de la Fiscalía General de la CDMX, filtró las fotos del cadáver mancillado de Ingrid, mientras, al malnacido ejecutor, se le difumina el rostro en las fotografías para no atentar contra su presunción de inocencia y proteger sus derechos.

En fin, para cerrar el caso y hacer ‘justicia’ a la víctima: habrá minutos de silencio, indignación y la promesa de aplicar todo el peso de la ley. Estamos jodidos.

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