Agustín Basilio de la Vega

México requiere de más empresas que generen empleo y empresarios que formen más empresarios.  La caída de la inversión, desde diciembre de 2019 hasta agosto del 2020, acumula una pérdida del -22.99% (variación anual de acuerdo con los datos proporcionados por el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas). Esta caída se debe fundamentalmente al cambio de política económica impuesto por el actual gobierno y a los efectos de la pandemia. 

Una de las primeras y más decisivas acciones del gobierno de AMLO fue cancelar el aeropuerto que la SCT construía en Texcoco con un avance superior al 30% y una inversión de más de 60 mil millones de pesos. Su financiamiento dependía en gran medida de Bonos colocados en Nueva York que también tuvieron que ser liquidados (los de corto plazo, están pendientes los de largo plazo) con intereses a sus tenedores.

A partir de esa decisión, la confianza en México se vino abajo y se manifestó con la gradual disminución del PIB. Muchas otras inversiones fueron frenadas, tal es el caso de las energías limpias, cervecerías, construcción de gaseoductos, etc., mientras que se favoreció a las paraestatales como Pemex que, por más que reciba apoyos, su calificación es cada día peor; de hecho, actualmente, sus bonos están calificados como “basura”.

Por otro lado, el gobierno mexicano no tomó en serio la pandemia y de acuerdo con su plan de atención del Covid-19, planteó un escenario mínimo de seis mil muertos, cifra que luego modificó a ocho mil y más tarde a 12 mil 500. En una conferencia de prensa del 27 de febrero en Lieja, la Secretaría de Salud, por conducto del Dr. Gatell, estableció hasta 28 mil muertos como posible saldo de víctimas y 60 mil como un escenario catastrófico. Hoy van más de 100 mil muertos oficialmente y sigue creciendo la cifra, y eso sin mencionar las muertes “ocultas”, aquellas que no han sido declaradas o se les ha adjudicado otra causa. 

El presidente López ha minimizado el desastre económico y, en materia de salud, insiste en no usar cubrebocas y no modifica su programa económico que está devastando al país. Ante esta situación la pregunta obligada es ¿qué podemos hacer los mexicanos?

Dos cosas fundamentales se pueden intentar, una a nivel personal y otra en comunidad: de manera individual es importante entender que sólo la producción de bienes y servicios es lo que hace rico a un país. La agricultura, la ganadería, la industria, el comercio y los nuevos servicios de transporte o mensajería, por citar ejemplos prácticos, son la clave del éxito. Los gobiernos exitosos no se encargan directamente de generar empleos ni riqueza. De hecho, los países que tienen mejor nivel de vida son aquellos en los que sus ciudadanos son emprendedores y pagan impuestos. En cambio, los países que quieren hacerse cargo de todo, desde producir energía hasta decidir si te contratan por horas o días son los que más pobreza tienen.

La iniciativa personal para producir algo o crear un negocio hace que la sociedad sea dinámica y se levante de toda situación difícil sin esperar a que “papá gobierno” le “regale apoyos”. Países como los Estados Unidos y los europeos son un buen ejemplo.

De manera colectiva, en el año 2021, los mexicanos podemos elegir un congreso que actué como contrapeso al actual gobierno y evite que se sigan malgastando recursos en obras inviables como el Tren Maya o la Refinería de Dos Bocas. De manera individual y en comunidad podemos hacer mucho por México.

Twitter @basiliodelavega          

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