Germán Martínez Cázares*

El fiscal general de EU busca crímenes electorales hasta en Disneylandia. ¿México lo va a acompañar en semejante locura?

“Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, dicen que dijo Porfirio Díaz, lamentándose de la relación desventajosa con nuestro vecino. Hoy ¿estamos lejos de Biden y cerca de Donald Trump?

Gravísimo error del gobierno de México al no reconocer, de inmediato, el triunfo de los candidatos demócratas, Joe Biden y Kamala Harris, a la Presidencia y Vicepresidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

¿Esperar a que la autoridad decida? Las autoridades locales de cada estado de la Unión Americana ya hablaron. El sistema verdaderamente federal ya sentenció. Sus periódicos y televisión (formadores de la opinión pública) también avalaron; además la gente (fuente de soberanía) ya festejó en muchas calles de Norteamérica, entre ellos, miles de mexicanos a los que Trump llamó “violadores y asesinos”. ¿Esperar a los tribunales? ¿Qué clase de diplomacia mexicana es la que se somete a las sentencias de los jueces de otro país? Digámoslo sin rodeos: estamos esperando a que le pase el berrinche a Trump.

Muchas veces ocurre que no acaban de contar los votos y el Presidente electo ya está fotografiándose con el Presidente saliente en la Casa Blanca, como una exquisita cortesía con la voluntad popular mayoritaria. ¿Vamos a tardar hasta el 20 de enero próximo, fecha en que efectivamente asume el poder el nuevo Presidente? ¿Qué tal que el insolente magnate derrotado se aferra a no entregar el poder, ese día, en la ceremonia de las escalinatas del Capitolio? El fiscal general busca crímenes electorales hasta en Disneylandia. ¿México lo va a acompañar en semejante locura?

Confieso que me dio tristeza ver la foto en Reforma del Presidente de México junto a la de Jair Bolsonaro, el detestable presidente ultraderechista de Brasil, y la de Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua, en el grupo de los mandatarios que guardaron silencio de inmediato frente al triunfo demócrata. Aunque este último ya lo reconoció.

¿Injerencismo felicitar a Biden? No. Simplemente respeto al voto de una consulta ciudadana, como la que quiere López Obrador para México, en donde la mayoría de los estadounidenses le revocaron el mandato a Trump. Le dijeron que se fuera a su rancho en Florida.

No reconocer a Biden tendrá consecuencias en la fluidez y la confianza mutua de la relación bilateral, como el brutal error de Vicente Fox de no mostrar de inmediato, tampoco, las condolencias mexicanas por los atentados terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York en septiembre de 2001. No es un asunto jurídico o aritmético, es simple cortesía entre vecinos, en sus fiestas o funerales.

Tampoco será un análisis sincero aquel que no ve en el fondo de la elección norteamericana un reclamo por una justicia plena, frente a la codicia del mercado que representa un multimillonario que nunca enseñó sus recibos del pago puntual y cabal de sus impuestos. “El desprecio a los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”, dice el Papa Francisco en su última encíclica, Fratelli tutti.

El voto por Biden es un voto también contra una sociedad de crecimiento económico desigual. Al trumpismo le importaban un rábano los desaventajados de ese “modelo económico” que endiosa al dinero, sin importar que la acumulación de riqueza arroje a la miseria a miles de personas, y se jodan al planeta (perdón por la expresión, pero es puntual). Quienes festejan a Biden sin condenar el modelo de desarrollo de Trump también se equivocan. Detestar el trumpismo político y abrazar el trumpismo económico es sencillamente criminal.

¿México hoy está lejos de Dios, de la justicia, de Biden; y seguirá cerca de los Estados Unidos, de Trump y de su manera de hacer business? Good deal!

  • El autor es senador de la República.     
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