Jorge Suárez-Vélez*

En el siglo XIX, Lord Kelvin, físico y matemático inglés, dijo: “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre”. La OCDE creó el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) para medir, con la misma prueba, las capacidades alcanzadas en 88 países por jóvenes de 15 años para comprender lo que leen, y para utilizar herramientas matemáticas y científicas en su vida diaria.

La educación enfrenta retos monumentales en todo el mundo. Por la revolución tecnológica, que apenas comienza, vivimos la mayor disrupción en la historia de la humanidad. Ésta nos obliga a repensar qué habilidades necesitan jóvenes que lidiarán con inteligencia artificial y con computadoras capaces de aprender solas, qué herramientas necesitarán para reinventarse en el mercado laboral quienes quizá vivirán más de 100 años y, en consecuencia, tendrán carreras mucho más largas que las nuestras. Cómo aprovecharán los sistemas educativos potentes herramientas para educación remota o para diseñar planes de estudio a la medida de cada estudiante. Los retos son casi tan grandes como las oportunidades.

Por eso importa la prueba PISA. Nos deja ver qué países educan mejor e identificar prácticas que merecen ser copiadas. Igualmente, cuando se está muy rezagado, como México, hace sonar estridentes señales de alarma.

AMLO reiteró que sí se aplicará la prueba “para que mejore la calidad de la enseñanza”, pero desde antes de arrancar este gobierno, gente de Morena proponía dejar de aplicarla, dado que los pésimos resultados “le generan estrés a los maestros”. Preocuparse por la tranquilidad presente de los maestros más que por la intranquila vida que les espera a millones de jóvenes funcionalmente analfabetas, resume la permanente destrucción que este inepto gobierno provoca.

AMLO no entiende que no basta con aplicar la encuesta, urge transformar nuestro sistema educativo. La educación en México es criminalmente deficiente y profundamente desigual. En la última prueba PISA, en 2018, sólo uno de cada 100 de nuestros estudiantes mostró un nivel de desempeño “elevado” en alguna de las tres áreas evaluadas. En China o Singapur, 40 de 100 lo logran. En contraste, en México 35% ni siquiera alcanzó un nivel mínimo de competencia en las tres áreas.

En comprensión de lectura, el promedio de México fue de 420 puntos, contra 487 en la OCDE, en matemáticas 409 contra 489, y en ciencias 419 contra 489. Nuestros estudiantes con mayor nivel socioeconómico superan por 81 puntos a los de menor ingreso. Sí, “primero los pobres”. Serán los primeros en morir de hambre por no contar con habilidades para insertarse en el mercado laboral. Serán los primeros en frustrarse por no poder desarrollar su potencial, por no tener oportunidades.

Es interesante notar que nuestras niñas superaron por 11 puntos a los hombres en lectura, lo cual vuelve más dramáticas las limitaciones educativas que muchas familias les siguen imponiendo a las niñas.

En México, casi la mitad de los examinados no entiende lo que lee (45%), y 56% no tiene habilidades básicas de matemáticas para tareas cotidianas. Con razón la 4T no quiere seguir aplicando la prueba. Mejor hagámonos de la vista gorda. Sigamos festejando que no quedó una coma de la reforma educativa y que se les devolvió el control de la educación a los gangsteriles sindicatos de maestros.

Como el moho, este gobierno se fortalece en lo oscuro. Ojos que no ven… Este gobierno prefiere generaciones de mexicanos ideologizados y dóciles, que sólo aprenderán a estirar la mano para recibir la limosna que les da un gobierno autoritario, pero caritativo.

Mientras los jóvenes de países industrializados se integran a un ritmo vertiginoso a la nueva economía del conocimiento, en México veremos sus logros de lejos y con asombro. Ojalá nuestra ignorancia no nos deje medir qué tan rápido crece la brecha entre nosotros y ellos, mejor no saber cuántos de nuestros jóvenes brillantes y con potencial pudieron ser parte integral del progreso. Mejor así. Ignorantes y en la penumbra. 

@jorgesuarezv   

  • Jorge Suárez-Vélez es autor de Ahora o Nunca, la gran oportunidad de México para crecer y de La próxima gran caída de la economía mundial, publicados por Random House (Debate). Desde 1998 contribuye para CNN en español, y para otros medios en México y América Latina. Es economista del ITAM. Reside en Nueva York desde 1992, donde ha trabajado para distintas instituciones financieras. Actualmente es Managing Director en Allen and Company Investment Advisors.
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