Manuel J. Jáuregui

Un gobierno llevado por una sola persona no es precisamente “democracia”

El enorme inconveniente de centralizar las decisiones, y más: centralizarlas en una sola persona, el Presidente, está mostrando sus efectos indeseados cada vez con mayor claridad.

Seguramente ustedes, amigos lectores, observaron la foto, que vale más que mil palabras, en Nacional en este su periódico del domingo, mostrando el rostro desencajado, de disgusto, de enojo, de molestia total, cuando el Presidente fue interceptado en su camioneta por ciudadanos inconformes moradores de San Quintín, en Baja California, quejándose de “su” Gobernador, Jaime Bonilla.

“Bájate de ahí (asiento trasero de la Suburban), corrupto, ladrón, no manches al Presidente”, le gritaban, al mismo tiempo que el Presidente López trataba de fulminar a los quejosos con una mirada tipo rayo láser.

Aquí sí quedó claro que para él, en ese momento, “el pueblo sabio no se equivoca” era lo que más lejos tenía en su mente.

Ya para esto era como la tercera vez que le lanzaban recordatorios maternos al Gober-amigo Bonilla enfrente del Presidente en su visita a Baja California.

La evidencia indica que Bonilla tiene un “estilo personal de gobernar” bastante áspero y chicharronero, lo cual en consecuencia ha generado mucho descontento en Baja California.

Ahora bien, como el Presidente López acapara la toma de decisiones, y es el factótum del Gobierno, decidiendo él solito la mayoría de las medidas oficiales, promoviendo sólo él nuevas iniciativas de ley controvertidas, pues se ha convertido, en consecuencia, en el PARARRAYOS en el que se concentran todas las descargas de inconformidad en el País.

No sólo las federales, sino que también las locales.

La gente sabe, por ejemplo, que Bonilla es amigo del Presidente: lo llevó a San Diego a ver un juego de los Padres en un exclusivo palco del Petco Park, y el Gobierno federal lo apoyó en su ilegal intento de ampliar su periodo de 2 a 5 años, previo a haberlo acomodado para la candidatura al Gobierno estatal.

En circunstancias ordinarias, las pifias del Gobernador en turno no deberían de recaer en el Presidente, pero como el señor ha totalizado en su persona los actos de Gobierno, la gente no pierde el tiempo yendo con el que recibe las órdenes, sino que se dirigen directito a quien las da.

Como se dice comúnmente, no hablan con los enanos, sino con el dueño del circo.

La receta para evitar esta situación de haberse convertido en el pararrayos del descontento es muy sencilla.

Todo lo que se requiere es descentralizar la toma de decisiones, que cada Secretario asuma sus responsabilidades, pero también que cada uno de sus simpatizantes a los que ha llevado al poder asuman sus culpabilidades.

Los que metan la pata, que paguen el precio.

Ni modo que el Presidente tenga que atravesarse a defender siempre a cada funcionario de su Gobierno, o amigo afín, cada vez que equivocan el cumplimiento de su deber.

De ser así no le quedaría tiempo alguno para gobernar, para resolver los no pocos problemas que enfrenta México, pues se la pasaría en mañaneras de ocho horas diarias respaldando a sus funcionarios criticados.

Sólo Rocío Nahle y Manuel Bartlett se podrían llevar cuatro horas diarias de defensa, más lo que acumulen otros de sus funcionarios, a muchos de los cuales les faltan unos cuantos ladrillos para completar carretilla completa, no se daría abasto ni con una “mañanera” 24/7.

Un Gobierno llevado por UNA sola persona ha sido bautizado con otro nombre por la historia y NO ES precisamente “democracia”.

Igual el Presidente cree -o quiere- llevarse todo el mérito, toda la gloria, todos los aplausos siendo él el único y principal impulsor de la mal llamada Cuarta Transformación.

Sólo que como en el tercio de sexenio que lleva la trasformación no ha mostrado ser para mejorar, sino antes al contrario, corre el riesgo de que en lugar de aplausos, reciba puros reclamos.

Como que la prudencia y las prácticas de buen gobierno indican que es bueno delegar, consensar y ser inclusivos. ¿Y si no confía en sus colaboradores, entonces para qué tenerlos en el Gabinete?    

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