Carlos Elizondo Mayer-Serra*

“Abajo nuestro hay una nueva línea del Metro, planeada desde principios del siglo XX, cuando se hizo el plan maestro de todo el sistema”. Así nos explicó el guía en Berlín en un viaje reciente. No se veía nada. La línea se abriría cuando fuera necesario.

En México, en cambio, la obra pública suele hacerse con prisas y sin planeación. A veces, la presión del jefe hace posible inaugurarla durante el gobierno de quien tuvo la ocurrencia. Es el caso de la Línea 12. En otras obras, como el Tren de pasajeros México-Toluca, el desastre inicial se va magnificando con el tiempo, resultando en una obra sin fin.

La Línea 12 por lo menos era necesaria. Fue de enorme beneficio social, mientras duró. El tren es puro desperdicio. Un capricho de Peña Nieto. Hay un buen servicio de autobuses y dos carreteras entre ambas ciudades. Difícilmente habrá demanda suficiente para hacerlo rentable. Los costos de operación serán muy altos por las empinadas pendientes. El tren ni siquiera llega al aeropuerto de Toluca, corre hacia la zona de Zinacantepec, poco poblada, donde seguramente más de un político ha comprado terrenos.

Cuando las obras mal diseñadas llegan a operar, como en el caso de la Línea 12, pronto salen a la luz los costos de haberlas hecho al aventón. Cuando no se terminan, como en el caso del tren, se van acumulando recursos gastados con cero rentabilidad social. Los trenes para operarlo se compraron hace años y compraron el doble de los necesarios. Se están oxidando en alguna bodega. La obra fue presupuestada en 39 mil millones de pesos. Se han gastado hasta ahora 48 mil millones. Ahora dicen que terminará costando 93 mil. Será más seguramente.

Para la salud de las finanzas públicas quizás sea mejor que nunca se inaugure. Dadas las fallas de diseño y la previsiblemente poca demanda si se cobrara el costo real del servicio, requerirá un subsidio permanente del erario. Las pérdidas operativas terminan comiéndose los recursos para un debido mantenimiento, como hemos visto en el Metro de la CDMX. Luego vienen las tragedias.

AMLO ha acentuado los vicios de la obra pública al cancelar un aeropuerto muy avanzado en su construcción y que estaba razonablemente bien planeado. El impuesto que se les cobra a los pasajeros del actual aeropuerto y el que hubiera generado el de Texcoco, minimizaban el costo fiscal de la obra. El desarrollo inmobiliario del terreno del actual aeropuerto iba a generar ingresos para el gobierno, y además se hubiera podido desarrollar la zona más pobre de la ciudad.

Al cancelarlo, AMLO hizo evidente que si una obra no se ter- mina en el sexenio en que se empieza, está destinada a morir. Por eso desea concluir sus obras durante su mandato. Las prisas en todas ellas auguran problemas futuros serios. Ninguna arrancó teniendo un plan maestro.

La catástrofe de la Línea 12 tiene que llevar a sancionar a los verdaderos responsables del desplome, pero también, a repensar cómo se hace la obra pública en México. Deberíamos estar discutiendo, primero, cómo estar seguros de que las obras del Presidente no terminen como la Línea 12 o como el tren a Toluca. El primer interesado en ello debería ser AMLO. Si como sugirió el viernes, Calderón es responsable de la catástrofe de la Línea 12, él lo será sin duda alguna de los problemas que terminarán teniendo sus caprichos.

En una segunda instancia, en lugar de estar pensando en refor- mar lo que funciona, como el INE, habría que concentrar la energía legislativa en lo que claramente falla, como la obra pública. Debemos hacer cambios legales que obliguen a decidir el plan de infraestructura del país con base en un serio análisis costo-beneficio, a no iniciar obras sin un plan maestro y blindarlas contra los caprichos presidenciales futuros. Planear a largo plazo es la única forma de poder tener una infraestructura adecuada para impulsar el crecimiento.

@carloselizondom  

Carlos Elizondo Mayer-Serra, politólogo (Oxford) e internacionalista (El Colegio de México), se ha dedicado a investigar la tensión que existe entre lograr gobernarnos democráticamente y crecer económicamente. Su más reciente libro, Los de adelante corren mucho: Desigualdad, privilegios y democracia, discute esta tensión para el caso del continente americano. Es profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. 

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