Sergio Aguayo*

Asombró la magnitud del retroceso de Morena en la capital y las desconcertantes reacciones del Presidente y de la jefa de Gobierno. Demos perspectiva histórica a estas elecciones.

Copilco-Universidad es la parte de la ciudad donde se arañan y acarician Ciudad Universitaria y la zona urbana. El Centro Universitario Cultural (pastoral universitaria de los Dominicos) ha sido testigo mudo de la hibridación de las izquierdas universitarias, políticas, cristianas, ciudadanas, entre muchas otras. En Copilco-Universidad abundan los locales para la impresión de tesis, el “Pasillo de la Salmonella” repleto de puestos de comida abundante y barata, las sedes de la Editorial Siglo XXI y de la inolvidable Academia Mexicana de Derechos Humanos. También, los edificios para académicos y estudiantes.

En Copilco-Universidad vivió el ahora Presidente y es muy probable que por sus calles caminara la doctora Claudia Sheinbaum, egresada de la UNAM. Es uno de esos microcosmos urbanos donde se escribieron algunas crónicas de la transición. El domingo salió a relucir el desencanto con Morena. Las cifras son crueles. Ahí se instala la Sección 359 del distrito local 26. En 2018 el candidato a diputado local de Morena y aliados recibió 445 votos, en 2021 solo 244.

Morena se ha distanciado de los sectores más educados. Veámoslo en cifras más agregadas. Si tomamos la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (mayo 2021) y el Censo de Población y Vivienda 2020 y sobreponemos sus cifras sobre el mapa electoral capitalino, veremos que la oposición arrasó en las cuatro alcaldías de la capital con mayores promedios de escolaridad: Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Coyoacán y Cuauhtémoc.

El Presidente y la jefa de Gobierno atribuyen este alejamiento a una “campaña de desprestigio” lanzada por los medios contra el Presidente y la 4T. Es una excusa absurda porque los capitalinos estamos habituados a las políticas del desprestigio. Nuestros partidos no dirimen sus diferencias con sesudas tesis, sino con insultos sonoros, de modo que sabemos distinguir las “campañas” sin sustento.

Han sido tres años de desencantos. En 2018 muchos académicos confiamos en Morena y votamos por Andrés Manuel López Obrador; creímos que vendría una transformación integral bien planeada e implementada. En lugar de ello, vino una “campaña de difamación” presidencial en nuestra contra.

Los académicos fuimos calificados de “mafiosos y gandallas”, y empezamos a sufrir los maltratos de las instituciones encargadas de la promoción de la ciencia, la tecnología y las humanidades. Lo mismo ocurrió con los colegas de los medios de comunicación, los organismos civiles, el movimiento feminista, las víctimas de la violencia criminal y algunos más.

Ahora bien, hay algo injusto en los resultados. Suponía que el voto de castigo iría a las votaciones para el Congreso federal; no esperaba la magnitud del castigo a las autoridades capitalinas porque Claudia Sheinbaum y su equipo han tenido un desempeño sobresaliente en la organización de la vacunación contra el Covid. En ese tema también hizo lo posible por distanciarse del estilo presidencial. Ahora vemos que resultó insuficiente su diferenciación de los modos presidenciales.

Hace años el historiador Friedrich Katz me comentó que la capital ha sido la vanguardia de la transición, el primer cambio pacífico de régimen en nuestra historia. La evidencia confirma que las clases medias hemos respondido una y otra vez. En 1968 nos rebelamos contra la violencia estatal; después del sismo de 1985 y ante el pasmo gubernamental nos movilizamos e hicimos que el PRI perdiera las calles; en 1988 marchamos contra el fraude electoral y en 1994 organizamos una megamarcha para exigir una salida pacífica a la guerra con el EZLN y desde Alianza Cívica exigimos elecciones confiables. Somos una ciudad informada, criticona y bronca en la cual un buen porcentaje de quienes aquí habitamos estamos dispuestos a defender nuestros derechos.

Con la elección del domingo pasado, ¿estaremos las clases medias levantando murallas al caudillismo del Presidente? Ni yo ni nadie conoce el desenlace. Reconforta pensar que seguimos formando parte de las vanguardias de la transición y que seguiremos luchando por conquistar la democracia.

Colaboraron Alfonso David Aparicio Bolaños, Sergio Huesca Villeda y Anuar Israel Ortega Galindo.

@sergioaguayo    

Profesor de El Colegio de México, donde coordina el Seminario sobre Violencia y Paz. Profesor visitante de la Universidad de Harvard. Autor de docenas de libros y artículos académicos. Escribe en medios impresos desde 1971. Panelista de Primer Plano (Canal 11). Ha presidido y participado en diferentes organismos civiles.

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