Manuel J. Jáuregui

Resulta demasiado tentador ante un Presidente “mareado”, como lo calificó Porfirio Muñoz Ledo, alguien que lo conoce(ía) íntimamente, caer en la “ceguera de taller” y permitir que este señor, que en ocasiones aparenta estar enajenado de sus facultades racionales -de hecho, hay quienes afirman que el infarto(¿s?) que sufriera pudiera(n) haber presentado secuelas-, acapare totalmente nuestra atención dados sus abundantes y constantes gazapos. Por ello, hoy no hablaremos de él, sino de algo que nos acontece y que en EU ya comienza a prender señales de alarma: la militarización de México.

La analista Stephanie Brewer, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, realizó un interesantísimo ensayo, “México Militarizado: Una Guerra Perdida que no ha traído la Paz”. En él señala que en México el Ejército realiza hoy labores de seguridad pública, control de puertos y aduanas, lucha contra las drogas, distribución y aplicación de las vacunas Covid, construcción de aeropuertos, de sucursales del Banco del Bienestar, megaproyectos turísticos y de transporte y otras más.

Dice Brewer, anotando que México no ha sufrido golpes militares (del fin de la Revolución a la fecha): “La influencia de las Fuerzas Armadas dentro y fuera del ámbito de la seguridad puede significar que un golpe (de Estado) no sea necesario para que (las Fuerzas Armadas) ejerzan niveles de poder que, si bien no alcanzan niveles de ser un Gobierno militar, difícilmente hablan de una democracia sana.

“Con la seguridad pública y los proyectos emblemáticos del Gobierno en manos militares vale la pena cuestionar qué grado de poder retiene el Gobierno Civil sobre los militares.

“Lo preocupante es que el Gobierno parece estar optando por una dependencia cada vez más profunda e indefinida de las Fuerzas Armadas”.

Preocupaciones por este trascendental tema ya se han expresado en México, pero que se comience a ventilar FUERA del País entre nuestros vecinos que ya PROTESTAN airadamente por violaciones a los términos del T-MEC, resulta también preocupante, y lejos de ayudar a mejorar la percepción que se tiene de México en el exterior, la empeora. Las tendencias autoritarias del Presidente -señaladas por Muñoz Ledo en su entrevista con René Delgado publicada ayer en este su periódico (y disponible en video en reforma.com)- dan fe de que la DESCONFIANZA surgida en torno a México, y que ha ahuyentado la inversión privada en infraestructura fija (que es la que crea empleos y empuja el crecimiento económico) a niveles no vistos en 25 años, está fundada en hechos.

A lo descrito por la analista Brewer, se deben SUMAR las inconstitucionales restricciones que este Gobierno le ha impuesto a la inversión privada en materia energética, y el uso político de instituciones como la FGR, entrometiéndose en asuntos que -en campaña- competen a las autoridades electorales. Este irracional e ilegal uso del poder para acallar la disensión y la competencia electoral (fundamentales para la democracia) propaga la idea generalizada de que México va por MUY MAL camino y que lo más sano es mantenerse alejado de él.

Las objeciones contra la militarización de México no tienen nada que ver con nuestras Fuerzas Armadas en sí -fuera de casos aislados de abuso o corrupción-, en gran medida confiables: tienen que ver con el mal uso que les ha impuesto el “Jefe Supremo” de éstas, quien es el que ABUSA de su mando. Vaya, la culpa -en nuestra modesta estimación- NO ES del que obedece, sino del que MANDA; y que manda tanto, tan seguido y tan mal, como habrán visto, estimados lectores.

Proponiéndonos no hablar del Presidente, resulta en los hechos que tema que abordemos, tema que termina siendo su CULPA y que lo acaba involucrando. Así las cosas en nuestro México Mágico, tal es la índole del absolutismo, del totalitarismo, del afán de desempeñarse como Emperador, más que como Presidente de un país democrático dotado de instituciones y de Leyes que TODOS -comenzando por él mismo- deben respetar, mas no lo hace. Ahora se entiende por qué este señor quiso MUDARSE, desde el inicio de su reinado, a VIVIR en el “Palacio” Nacional.     

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