Agustín Basilio de la Vega

La renuncia más grave al gabinete del presidente López Obrador es la del secretario de Hacienda porque es el responsable del manejo de las finanzas públicas, es decir, del dinero que pagamos los contribuyentes y del uso que le da el presidente y sus colaboradores. Es como si renunciara el tesorero de una asociación de padres de familia o de un comité de ciudadanos.

En su carta de renuncia que se dio a conocer la semana pasada expone las siguientes causas: que en el gobierno del presidente López se han “tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento” y que  “toda política económica debe realizarse con base en evidencia” es decir que, para citar solo un ejemplo, la decisión de construir la refinería en Dos Bocas obedece más a un ideal romántico que al análisis de ingeniería financiera.

Más adelante argumenta que “durante mi gestión (la de Urzúa) las convicciones anteriores no encontraron eco”. Es decir, que el presidente impuso su criterio o ideal sobre la opinión del doctor, de expertos y de técnicos aunque sus propuestas no estén fundamentadas y no se hayan analizado a fondo. Es como cocinar un mole sin saber, sin experiencia y sin conocer la receta.

Finalmente en su carta de 4 párrafos el ex ministro dijo que “Me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública” y que  “fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés” lo que significa que la gota que derramó el vaso fueron los recomendados que no saben o tienen experiencia en gobernar  y sin perfil adecuado (profesión o especialidad) y que por amiguismo o compadrazgo están metiendo en el nuevo gobierno.

Lo peor de esta revelación de conflicto de intereses, es que algunos de los nuevos funcionarios de la 4 T están haciendo negocio para enriquecerse a sí mismos traicionando las buenas intenciones del presidente de combate a la corrupción. Aunque se bajen los salarios y den la apariencia de austeridad estos malos servidores públicos provocarán más decepción en los mexicanos.

Que lo anterior lo diga un ex colaborador del presidente es grave, pero que precisamente se trate del “número dos” (el que maneja los dineros) es aún más alarmante porque se trata de alguien muy conocedor e importante al que se le brindó toda la confianza y que de plano prefirió no continuar.

La Cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México es quizás el mejor ejemplo de estas decisiones sin sustento: se están tirando a la basura más de $260 mil millones de pesos que todos estamos pagando dizque para ahorrar y combatir la corrupción. A las pérdidas económicas del país se suma las de tiempo pues la saturación del aeropuerto Benito Juárez haca que todos los días se retrasen los vuelos.

Nadie en su sano juicio deja de construir su casa para mandar a construir una choza con mala distribución y mal ubicada donde no hay ni servicios. Lo más conveniente es cambiar de constructor, revisar los avances, corregir y terminar la obra para no perder tiempo ni dinero y menos pagar por dos  y quedarse con la peor.

El señor Urzúa, como millones de Mexicanos no está dispuesto a consentir que el gobierno tome decisiones sin analizar la realidad y sin lógica elemental. En otras palabras no se prestó a la  imposición de caprichos o malas decisiones inspiradas en ideologías que hacen más daño de lo que benefician. Urzúa abandono el barco del gobierno antes de convertirse en cómplice del   hundimiento.

Twitter @basiliodelavega

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