Jorge Suárez-Vélez*

Nunca ha sido buena idea escribir algo personal en una columna, pero haré una excepción. Mi mamá acaba de morir de Covid y ese evento, más doloroso de lo que podría describir, me ha hecho sufrir en carne propia lo que tantos antes de mí.

A pesar de las precauciones, ella fue contagiada por quien la cuidaba, por una mujer excepcional que dedicó décadas a darle amor con esmero. Fue inevitable. Cuando vivimos niveles de contagio como los que prevalecen en México, era sólo cuestión de tiempo. ¿De cuánto son esos niveles? No lo sabemos. Cuando la prioridad de las autoridades sanitarias deja de ser protegernos para concentrarse en ocultar la hecatombe, quedamos a la deriva. Es imposible enfrentar y contener una pandemia sin saber dónde está, dando palos de ciego. Ni siquiera sabemos si la variante que prevalece aquí es la que surgió en el Reino Unido y que es 50% más contagiosa que la previa. Después de quizá un cuarto de millón de muertes, López Obrador sigue riendo en las Mañaneras (¿le parecerá gracioso que miles mueran asfixiados?), y no ha sido siquiera capaz de portar un cubrebocas en forma cotidiana, para ponerles el ejemplo a millones que lo seguirían.

Se dejan graves vacíos cuando su otra prioridad ha sido rodearse de ineptos incondicionales. En temas de salud pública, esos vacíos cuestan vidas. Pero no es sólo eso. Los últimos días de mi mamá fueron de angustia inmerecida. Por un lado, nunca conseguí una cama de hospital para su cuidadora, por el otro crecía nuestra necesidad por tanques de oxígeno mientras bajaba la capacidad respiratoria de mi mamá. Estuvimos a horas de quedarnos sin éste, de no ser por un hombre generoso que nos salvó.

Considerando el enorme esfuerzo para que la autora de mis días sólo muriera con dignidad, no puedo ni imaginar lo que miles de familias sufren al ver cómo sus seres queridos mueren asfixiados frente a sus ojos.

La pandemia no es culpa de este gobierno. Pero politizar la respuesta provocó daño descomunal. En vez de cerrar filas y unir esfuerzos para presentar un frente común, la respuesta a la crisis ha sido un yerro más que los seguidores de AMLO creen indispensable defender, quizá confían en que esta evidencia sí puede enterrarse.

Este es pésimo momento para polarizar, para dividir, para mentir. Somos el segundo país del mundo, según estimaciones, con más muertes por Covid; el país donde más personal de salud ha muerto contagiado, sólo Uganda ha dado menos apoyo económico por la pandemia y, dado que casi no hacemos pruebas, tenemos la tasa de positividad más alta del mundo. No hay camas, ni oxígeno, no hay actas de defunción; funerarias y crematorios están rebasados. Esa es la evidencia. No hay “otros datos”. La verdad es una sola y distorsionarla o mentir insulta a familias que, como la mía, lloramos la muerte de un ser querido.

Andrés Manuel, por un momento haz la política a un lado. Convoca al sector privado a que te ayude a conseguir vacunas, a distribuirlas con eficiencia y a aplicarlas con rapidez; incrementa las camas disponibles replicando esfuerzos exitosos como el de la Unidad Covid en el Centro Citibanamex, financiado por 10 empresas; toma medidas de emergencia para resolver la cruel escasez de oxígeno; pospón la inversión en Dos Bocas, Tren Maya y demás obras no prioritarias para tener con qué incrementar dramáticamente la ayuda a negocios e individuos afectados por el cierre de la economía, para que más puedan quedarse en casa y pausemos los contagios, mientras invertimos en acceso ubicuo a pruebas gratuitas y en sistemas de rastreo de contagios; haz obligatorio el uso de cubrebocas; pon medidas de control para que quienes vienen de fuera se hagan pruebas y se pongan en cuarentena.

Tere, mi mamá, no era un número más, deja un hueco enorme en nuestras vidas. Verla morir de Covid es un dolor que a nadie le deseo. Si no cambiamos dramáticamente de curso, morirán cientos de miles más, si no desarrollamos un programa de vacunación inteligente y ambicioso, México no reabrirá su economía este año y millones de familias sufrirán.

Este no es momento para ganar votos, es momento para salvar vidas.

  • Jorge Suárez-Vélez es autor de Ahora o Nunca, la gran oportunidad de México para crecer y de La próxima gran caída de la economía mundial, publicados por Random House (Debate). Desde 1998 contribuye para CNN en español, y para otros medios en México y América Latina. Es economista del ITAM. Reside en Nueva York desde 1992, donde ha trabajado para distintas instituciones financieras. Actualmente es Managing Director en Allen and Company Investment Advisors.
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