Manuel J. Jáuregui

Al tomar juramento ayer como 46avo Presidente de los Estados Unidos regresó la decencia, la prudencia, la experiencia al Gobierno de los Estados Unidos.

No más separar a niños de sus padres migrantes, no más esterilizar por la fuerza a las mujeres migrantes detenidas en campos casi de concentración, no más pisotear el “sueño americano” negándoles derechos a los hijos de migrantes nacidos allá; no más desunión y división. “El hecho de que tengamos una diferencia de opinión no quiere decir que tengamos que irnos a la Guerra”, dijo Biden.

(A quien le quede el saco, que se lo ponga).

Su discurso fue breve y conciliador, sencillo y terso: un poco como es el hombre en sí.

Claro, por supuesto, Biden no es perfecto ni todo lo que piensa es correcto (por ejemplo el pretender alzar impuestos en medio de una recesión equivale a una locura), pero es un hombre decente, respetable, con una larga, larguísima carrera en la política norteamericana.

La transferencia del poder se dio sin sobresaltos, ni violencia -como algunos esperaban-, aunque de despedida, el ahora simple ciudadano “Trunc” no pudo dejar de hacer su showcito y escenificar sus pataletas acostumbradas, como es violar la tradición de recibir al Presidente entrante y a la nueva Primera Dama en la Casa Blanca y no asistir a la toma de posesión del nuevo Presidente.

Por otra parte, no solo en Estados Unidos, en el mundo entero pensante hubo júbilo al verle la espalda al Payaso agente naranja que ocupó la Casa Blanca cuatro años y manchó la hoja de servicio de la Presidencia norteamericana, al tiempo que enemistó a casi todas las naciones que se consideraban amigas de los Estados Unidos.

Ahora que, les diremos con sinceridad, amigos, hubo una frase del discurso de Biden que nos gustó bastante y otras cosas padres que merecen comentario.

En una parte de su discurso afirmó Joe Biden: “Vamos a liderar no meramente con el ejemplo de nuestro poder, sino por el poder de nuestro ejemplo”.

Hermosa y redonda frase que dice mucho y, sobre todo, apunta un regreso a la seriedad y solemnidad del ejercicio del poder dentro de, y por, las Leyes que rigen al país, ello con FIRMEZA.

Le tomaron la protesta al Presidente Biden y a la Vicepresidenta Harris dos jueces de la Suprema Corte, John Roberts y la H. Sonia Sotomayor, de ascendencia hispana.

Jennifer López, famosa actriz y cantante latina, recitó el Juramento a la Bandera, parte del cual lo pronunció EN ESPAÑOL.

Y poco antes, de manera sublime con esa voz que solo ella posee, Lady Gaga (Stefani Germanotta) cantó el himno nacional norteamericano portando una preciosa e inmensa PALOMA de la Paz, de oro, sobre su corazón, teniendo como fondo y contraste el impactante vestido negro y rojo que portaba.

Hablando con varios amigos norteamericanos sentimos que hubo ayer por la mañana la liberación de un enorme SUSPIRO de ALIVIO gracias al hecho de que inicia una NUEVA ERA en los Estados Unidos, una que al unísono esperan sea de paz y prosperidad, de unidad, de colaboración y cooperación para adelantar la causa del progreso y el bienestar.

Sería bueno, sería excelente, que MÉXICO agarrara en sincronía la misma partitura, que nuestra relación con el nuevo Gobierno sea de concordancia.

Jamás será necesario sacrificar la DIGNIDAD si se buscan concordancias y se respetan las discordancias.

En toda relación, sobre todo DIPLOMÁTICA con otras naciones, es imprescindible negociar, jugar al toma y daca, no se puede aplicar la Ley del Azadón, de “todo para acá”.

Para ello es vital, crucial, abrazar las prioridades correctas, tener mucha claridad en qué es lo verdaderamente importante para nuestro País.

No para la imagen del Presidente, o la de su movimiento, o la de sus colaboradores.

Lo que importa, lo ÚNICO que importa es México; recomendable resulta, por tanto, buscar la forma de llevar las cosas por la buena, haciendo a un lado los AZOTES PÚBLICOS verbales y las agresiones defensivas.

Hay, en efecto, muchas formas de matar moscas, para ello reconociendo que el Presidente Joe Biden tenía razón cuando afirmó “No vamos a ir a la Guerra por diferencias de opinión”.     

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