La acción del narcotráfico durante el confinamiento para contener la pandemia de Covid-19 en México, acusa algunos cambios: el tráfico de drogas a Estados Unidos se ha dificultado, pero se sigue dando; organizaciones criminales entregan despensas para aumentar su presencia en las comunidades y aprovechan la debilidad del gobierno para atacarlo y hasta para realizar cabildeos violentos, plantea Ioan Grillo.

El escritor originario del Reino Unido, Ioan Grillo, autor de los libros “Caudillos del crimen”, editado por Grijalbo y “El Narco”, expuso que la disminución en el tráfico por la frontera de México y Estados Unidos, debido a las medidas de distanciamiento social implementados en ambos lados de la línea internacional generó un trasiego menor de drogas, debido a que mayormente se movilizan en automóviles.

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Además, dado que bares, centros nocturnos, antros, entre otros establecimientos comerciales cerraron, bajó la adquisición de cocaína, se les ha dificultado a los adictos conseguir la droga.

Sin embargo, al parecer el consumo de fentanilo, heroína y metanfetaminas, habría tenido un incremento, lo cual tiene una relación con el incremento del número de sobredosis con ese tipo de narcóticos.

Podemos pensar que, según los expertos médicos, las condiciones de la pandemia: el cierre, el estrés, está aumentando el consumo de metanfetaminas, heroína y fentanilo. Entonces este mercado sigue bien para los cárteles, expuso.

Buscan expandir su presencia repartiendo despensas

Por otra parte, el escritor especializado en asuntos de narcotráfico comentó que los cárteles de la droga en México están aprovechando la etapa del confinamiento social para expandir su presencia entre comunidades, a través de reparto de despensas a la población afectada por las medidas para contener la pandemia.

Desde su perspectiva, con ello buscan cierta “protección”, en el sentido de que, en determinado momento, las personas que fueron beneficiadas con esa ayuda no van a cooperar con las autoridades en operativos o investigaciones contra ellos. Incluso podrían contar con el apoyo de la población para dejar en sus predios mercancías o cosas, si tienen necesidad de ello.

Además, las organizaciones criminales constantemente usan las comunidades para reclutar personas para que trabajen con ellos, añadió.

El experto destacó que ese tipo de acciones no resulta oneroso para los cárteles y consideran que les trae beneficios. Por ello, levantan videos que después les sirven como propaganda para dar el mensaje que se trata de personas buenas que simplemente trabajan en ese tipo de actividades.

Incluso, dijo que habrá narcotraficantes que genuinamente sí lo hagan solo por ayudar, porque pueden ser originarios de los lugares en donde reparten esa ayuda.

Recordó que eso no solo ocurre en México, sino en otros sitios como las favelas de Brasil.

Ante esa situación, opinó que el gobierno tiene que buscar una mayor presencia en esas comunidades y hacer valer el monopolio del uso de la fuerza.

También llamó la atención que hay zonas del país donde los narcotraficantes son vistos incluso como autoridad y en algunos casos hasta como con un poder legítimo, debido a la debilidad de las instituciones del Estado. “Ahí el gobierno y la sociedad tiene que competir por los corazones y mentes de las personas en estas comunidades”.

Recurren a cabildeos violentos

Por otra parte, Grillo consideró que el atentado en contra del secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, debe analizarse como un fenómeno que no es nada nuevo en el país.

En los últimos 13 años se ha tenido evidencia de que las organizaciones de narcotraficantes ejercen una presión violenta muy fuerte al Estado.

En su opinión, lo que estamos viendo es a un Estado muy débil, debido, en parte, a que estamos en medio de una pandemia y está tratando de contenerla, lo cual es aprovechado en ciertas zonas y por ciertas organizaciones para atacar agentes, corporaciones o funcionarios de gobierno.

Expuso que, en términos micro, hay organizaciones que recurren a actos que pretenden infundir terror, lo cual se ha visto ya en el país, por ejemplo, en septiembre de 2008, cuando lanzaron unas granadas la noche del 15 de septiembre en Morelia, Michoacán.

Destacó que no solo se trata de un problema de delincuencia en sí, sino que también de actos con los que retan al Estado.

En el caso concreto del ataque a García Harfuch, atribuido al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) dijo que, teniendo en cuenta que se debe ser muy cuidadoso al atribuir la autoría de ese tipo de actos, recordó el término usado por académicos, en el sentido de que el narcotráfico en ocasiones recurre a cabildeos violentos para conseguir algo.

“¿Qué es lo que pasa? Si en estos momentos están congelando cuentas bancarias, confiscando bienes, lo que intentan hacer es mandar un mensaje de lo que pueden hacer si afectan sus intereses.  Entonces es una forma violenta para defender los intereses, podría ser”.

“Dudo que el CJNG quiera tener una mayor presencia en la CDMX o más bien ese ataque haya sido por tratarse de un alto funcionario de gobierno”.

Opinó que el gobierno federal no tiene una política clara contra el narcotráfico.

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