La mala salud flagela a los niños pobres, que sufren más de problemas como la obesidad, la desnutrición, la anemia, la falta de vacunación, la contaminación por plomo y la diabetes que los niños de otros sectores sociales e incluso de su mismo nivel social.

Este dramático cuadro plantea la Encuesta Nacional de Salud (Ensanut) dada a conocer por el gubernamental Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

El informe expone que el esquema de inmunización básica sólo cubre a poco más de la mitad de los niños en las zonas depauperadas, cuando el mínimo ideal sería del 90%.

Otro dato alarmante que arroja es que la obesidad se duplicó en seis años (del 2012 al 2018) del 15% al 29,2% entre los niños entre 5 y 11 años que no reciben ayuda alimentaria gubernamental en localidades de menos de 100.000 habitantes.

Llama la atención que la obesidad es más frecuente en poblaciones donde coexisten factores como desempleo, alta disponibilidad de alimentos con bajo contenido nutricional (comida chatarra o basura) y bajo nivel de seguridad alimentaria y menor acceso a los servicios de salud.

Según el relevamiento, uno de cada 6 menores de cinco años sufre desnutrición crónica y uno de cada cuatro anemia, sobre todo entre la población indígena.

Un azote más para las comunidades menos favorecidas económicamente es el de la maternidad adolescente, que pasó del 9% en 2012 al 15,4% en 2018 en jóvenes de localidades con menos de 100.000 habitantes. El reporte está constelado de cifras alarmantes, entre ellas la de que los programas de apoyo alimentario del gobierno “son insuficientes” y se otorgan sólo a 4 de cada 10 hogares que los necesitan.

“Hemos fallado en todo este período en reducir riesgos” sobre todo para niños y adolescentes”, dijo Juan Rivera, director del INSP, el ente encargado de realizar el estudio.

“Ojalá estos datos generen preocupación, indignación, rabia y acciones de política pública para que dentro de pocos años podamos hacer una presentación en donde veamos reducciones en la inequidad en salud en el país”, dijo.

El investigador del INSP, Abelardo Avila, uno de los autores del informe, señaló que en México no ha sido posible afrontar el “problema de la mala alimentación” porque se ha “destrozado el sistema alimentario local y sustentable”.

“Seguimos haciendo mal las cosas, no hemos podido enfrentar de manera integral el problema”, dijo y destacó la paradoja de que, al mismo tiempo que hay desnutrición en las familias pobres, se presente también la obesidad. Avila reprochó a las autoridades por crear “un sistema de salud con inequidad, que no previene, no atiende el daño y no destina los recursos suficientes”.

El informe también se refiere a un problema que pocas veces se le presta atención, que es el de la contaminación por plomo en las zonas más pobres de México.

Ese metal tóxico está presente en la sangre de 21% de los niños de uno a cuatro años en las zonas más golpeadas por la miseria en el país, lo que nubla el futuro de estos infantes, y contribuye a “perpetuar la pobreza, según el documento.

La razón de este envenenamiento con una sustancia que puede afectar el coeficiente intelectual, se debe al uso de utensilios de barro vidriado para preparar los alimentos y bebidas, que es usado por el 34,5% de los encuestados.

La concentración de plomo igual o mayor a 5 miligramos está presente en un millón de niños pero otros 2,5 millones presentan concentraciones iguales o mayores a 3,3 miligramos, lo que significa que enfrentan el riesgo de sufrir efectos tóxicos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la máxima cantidad aceptable de plomo en el organismo humano es de 5 microgramos (millonésima parte de un gramo) por decilitro de sangre.

Los niños expuestos a contaminación por plomo son también los que viven cerca de zonas industriales, mineras y talleres de reciclaje de basura y baterías electrónicas. El Ensanut expone que “no existe un sistema de vigilancia, monitoreo y seguimiento que identifique los casos” de contaminación por plomo e “implemente acciones de manera oportuna”.

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