(SPI / Kaleydoscopio).- La diabetes es una terrible realidad sanitaria en el mundo y en México, donde en 2015 se estimaba que había más de 11.5 millones de pacientes diabéticos y 3.8 millones de personas sin diagnosticarse.

La Federación Internacional de Diabetes indica que en ese año fallecieron 76,298 mexicanos adultos por su causa y existían 10.7 millones de personas con tolerancia a la glucosa alterada.

Esta enfermedad crónica se desencadena cuando el páncreas no produce suficiente insulina (una hormona que regula el nivel de azúcar, o glucosa, en la sangre), y/o cuando el organismo no puede utilizar con eficacia la insulina que produce.

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La glucosa (azúcar) en la sangre es un indicador esencial de la salud de las personas que viven con diabetes. De hecho, la medición de la glucosa en la sangre es la principal manera de asegurar el control de la enfermedad.

Con diabetes, sus niveles de glucosa pueden subir mucho y algunas medicinas para tratar este padecimiento pueden bajarlos más de lo normal, esto se conoce como hipoglucemia, una condición que se caracteriza por niveles bajos de glucosa en la sangre (anormales), usualmente menos de 70 mg/dl.

Debido a esto es importante revisar constantemente los niveles de azúcar y tener un buen control de la diabetes, ya que, si la hipoglucemia no se trata, ésta puede producir convulsiones o hacer perder el conocimiento (desmayarse o entrar en coma).

Víctor Rincón, director médico del área metabólica de MSD México, dice: “es importante que los pacientes se concienticen sobre tener un adecuado manejo y control de la diabetes, así como de los riesgos que conlleva el no control apropiado de la enfermedad”.

Aunque la hipoglucemia puede ser asintomática, sobre todo en aquellas personas que constantemente tienen episodios de bajos niveles de glucosa en la sangre o que han vivido con diabetes durante mucho tiempo, existen episodios con síntomas, como:

Inestabilidad, nerviosismo o ansiedad, sudoración, escalofríos, irritabilidad o impaciencia, confusión, incluyendo el delirio, latidos cardiacos rápidos, mareo o vértigo, hambre y náusea, somnolencia, visión borrosa, hormigueo o entumecimiento de los labios o la lengua, dolores de cabeza, debilidad o fatiga; así como eventos de ira, terquedad o tristeza, falta de coordinación, pesadillas o gritos durante el sueño, convulsiones y pérdida de conocimiento.

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