“No esperamos que el prójimo se vuelva bueno para hacer el bien, que la Iglesia sea perfecta para amarla, que los demás nos tengan consideración para servirlos. Comencemos nosotros. Así es como se acoge el don de la gracia. Y la santidad no es otra cosa que custodiar esta gratitud”.

Lo dijo el Papa Francisco durante la misa de la noche de Navidad en San Pedro.

“Jesús nos muestra esta noche -agregó en la homilía-: No cambió la historia constriñendo a alguien o a fuerza de palabras, sino con el don de su vida. No esperó a que fuéramos buenos para amarnos, sino que se dio a nosotros gratuitamente”.

“Podemos mirarlo sobre el Niño y dejémonos envolver por su ternura -instó Francisco-. No tendremos más excusas para no dejarnos amar por Él: aquello que en la vida va mal, aquello que en la Iglesia no funciona, aquello que en el mundo no va no será más una justificación. Pasará a un segundo plano, porque ante el loco amor de Jesús, un amor todo mansedumbre y cercanía, no hay excusa”.

Y “que cosa hacer frente a esta gracia?. Una sola cosa: acoger el don”, resaltó. Para el Papa, “la cuestión en Navidad es: “me dejo amar por Dios?. ¿Me abandono a su amor que viene a salvarme?”.

Y “el regalo que es Jesús” acoge “y luego se convierte en un regalo como Jesús”, dijo. “Llegar a ser un regalo es dar sentido a la vida -concluyó- y es la mejor manera de cambiar el mundo: cambiamos, la Iglesia cambia, la historia cambia cuando comenzamos a no querer cambiar a los demás, sino a nosotros mismos, haciendo nuestras vidas un regalo”.

Lógica del mundo es dar para tener, Dios llega gratis

“Mientras aquí en la tierra todo parece responder a la lógica del dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hicimos nada para merecerlo y no podremos nunca recompensarlo”. Lo dijo el papa Francisco durante la misa de la Nochebuena en la Basílica de San Pedro.

“¿Por qué San Pablo llama a la venida al mundo de Dios ‘gracia’? Para decirnos que es completamente gratis”, explicó en la homilía. “Pero, ¿qué es esta gracia? – añadió el Pontífice – Es el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría”.

En esta noche nos damos cuenta de que, aunque no estábamos a la altura, Él se hizo pequeñez para nosotros; mientras andábamos ocupados en nuestros asuntos, Él vino entre nosotros -prosiguió el Papa-. La Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor. A mí, a ti, a cada uno de nosotros, Él nos dice hoy: “Te amo y siempre te amaré, eres precioso a mis ojos”. Según Francisco, “Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de las tuyas; sin embargo, el Señor no deja de amarte”.

“¿Cuántas veces pensamos que Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos castiga si somos malos? Pero no es así. Aun en nuestros pecados continúa amándonos. Su amor no cambia, no es quisquilloso; es fiel, es paciente, agregó.

Este es el regalo que encontramos en Navidad: descubrimos con asombro que el Señor es toda la gratuidad posible, toda la ternura posible. Su gloria no nos deslumbra, su presencia no nos asusta. Nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor”, añadió.

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