En medio del desierto chihuahuense, entre áridas montañas y arenas blancas, se esconde un oasis de aguas turquesas que recuerda a los paisajes imaginarios de los cuentos de hadas: el Valle de Cuatrociénegas. 

Este Área Natural Protegida del estado de Coahuila debe su nombre a sus abundantes manantiales, conocidos por los locales como pozas. Estas recorren sus 84.000 hectáreas y forman extensas ciénagas de arroyos y lagunas, convirtiendo el sitio en el humedal más importante de México,y uno de los más valiosos del mundo.

A pesar de que las espectaculares imágenes de este paraíso atraen cada año a miles de turistas, está prohibido bañarse en sus aguas cristalinas, ya que en sus 400 pozas habitan más de 70 especies endémicas protegidas.

(Foto: Twitter)
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La Poza Azul es uno de los principales atractivos del Cuatrociénagas (Foto: Twitter)
La Poza Azul es uno de los principales atractivos del Cuatrociénagas (Foto: Twitter)

“Es la reserva natural más importante que hay en México. Es una reserva que puede compararse con la biodiversidad de las Islas Galápagos, que es un lugar muy posicionado en tema de endemismos”, explicó en declaraciones a Noticieros Televisa Luis González, de la Oficina de Convenciones y Visitantes Monclova (OCV Monclova).

Uno de los mayores atractivos de este particular edén es la Poza Azul. Sus aguas son ricas en un mineral color celeste que dota al manantial de una gama de tonos caribeños, y confiere al lugar un aire mágico.

Tras visitar la Poza Azul, se recomienda a los viajeros dirigirse hacia el Mojarral, donde habitan abundantes peces mojarra que conviven con otras sesenta especies únicas en el mundo. A esta cuenca hidrográfica la rodean además alrededor de 800 plantas endémicas.

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Tanto la Poza Azul, como la Mojarra, y en general, el conjunto de la red de torrentes subterráneos del Valle de Cuatrociénegas, son resultado de la desaparición del mar de Thetys, un océano que hace millones de años cubría los actuales estados de Monterrey, Chihuahua, Sonora, Baja California y parte de Coahuila.

Al extinguirse el mar, las rocas que se sumergían en él quedaron al descubierto, y dejaron a la vista fastuosas formaciones rocosas, como las dunas formadas por cristales de yeso, que parecen hechas de azúcar, y que cambian con el viento ofreciendo cada vez, un paisaje diferente.

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Sus pozas azules, arroyos verde turquesa, arenas blancas y dunas de cristal, convierten al Valle de Cuatrociénegas en un paraje único y singular, hogar de numerosas especies endémicas. Por ese motivo, se trata de un área protegida por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), y está considerada desde 1994 Área Natural Protegida en la categoría de Área de Protección de Flora y Fauna.

Cómo visitar el Valle

Los aventureros que quieran conocer el Valle de Cuatrociénegas, pueden hospedarse en el pueblo mágico del mismo nombre, donde el alojamiento ronda los 1.000 pesos por noche. 

También hay paquetes que por unos 4.000 pesos ofrecen 3 noches de hospedaje en el pueblo mágico; transporte; seguro del viajero; visita a la Reserva Natural y al Desierto de las Dunas de Yeso; así como tours por el pueblo mágico de Parras o a la Casa Madero Vinícola, entre otras actividades.

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