Los mexicanos celebramos todos los años la independencia la noche del 15 de septiembre, sin embargo el cura Miguel Hidalgo llamó a la rebelión contra el régimen al amanecer del 16.

La guerra con la que México obtuvo su independencia respecto del imperio español comenzó el 16 de septiembre de 1810 y concluyó el 27 de septiembre de 1821.

Si bien, ya se celebraba el 15 desde la década de 1840, cuando el general tenía apenas 10 años de edad, la fiesta cívica ya iniciaba el día 15 con una serenata, bandas de música, fuegos artificiales y fuego de salvas de artillería. Sin embargo, Porfirio Díaz instituyó la fiesta magna como un mega festejo nacionalista, recordemos que estuvo en el poder por 30 años y requería ganar la simpatía del pueblo.

Díaz llegó al mandato en el año de 1876, sin embargo Maximiliano de Habsburgo ya había dado un grito en Dolores en el año de 1864, 12 años antes de que Porfirio tomara protesta, por lo que ya existía una tradición de más de una década en donde el suceso se llevaba a cabo desde la noche del día 15.

Los fuegos artificiales se encendían hasta el día 16, a las ocho de la noche. El gobernante que utilizó por primera vez tanto el discurso como las arengas para recordar el inicio del movimiento patriótico, y quien salió a un balcón para dirigirse a la gente, fue Maximiliano de Habsburgo en 1864, y lo hizo en el pueblo de Dolores.

En aquellos tiempos la tradición consistía en una celebración en la Alameda Central y una serenata en la Plaza Mayor la noche del 15. El 16 se hacía una ceremonia de salvas de artillería y repique general a vuelo, así como una ceremonia en la Catedral.

Lo que sí hizo Porfirio Díaz fue ordenar el traslado de la Campana de Dolores al Palacio Nacional en 1896, para dar “el grito” en el Zócalo capitalino. A partir de este cambio, se volvió tradición que el presidente de México diera el Grito de Independencia la noche de los 15 de septiembre en el Zócalo.

Existe la creencia de que ordenó el cambio para celebrar también su cumpleaños en esa fecha. José de la Cruz Porfirio Díaz Mori,​ conocido como Porfirio Díaz (Oaxaca de Juárez, Oaxaca, 15 de septiembre de 1830-París, Francia, 2 de julio de 1915), ejerció el cargo de presidente de México en siete ocasiones. En total ocupó la presidencia de México por 30 años, una extensión sin precedentes. Y cuyo lapso, en la historia de México, es denominado como Porfiriato.

Ocupó por primera vez la presidencia del país en forma interina tras el triunfo de la Revolución de Tuxtepec, entre el 28 de noviembre de 1876 y el 6 de diciembre de 1876; y por segunda vez del 17 de febrero de 1877 al 5 de mayo de 1877. Ejerció el cargo en forma constitucional del 5 de mayo de 1877 al 30 de noviembre de 1880. Posteriormente ejercería la presidencia del país de manera ininterrumpida entre 1884 y 1911.

Antes de asumir la presidencia fue un militar destacado que brilló por su participación en la Segunda Intervención Francesa en México. Combatió en la Batalla de Puebla, el Sitio de Puebla, la Batalla de Miahuatlán y en la Batalla de la Carbonera. Resaltaron sus acciones militares en el estado de Oaxaca, en donde organizó guerrillas contra los franceses.

El 2 de abril de 1867 Díaz tomó Puebla y el 15 de junio de ese año recuperó para las tropas republicanas la Ciudad de México. Tomó armas contra el gobierno federal en dos ocasiones: la primera contra Benito Juárez con el Plan de la Noria, y, posteriormente, contra Sebastián Lerdo de Tejada, elaborando el Plan de Tuxtepec. Tras el triunfo del segundo plan, Díaz asumió la presidencia.

Convencido defensor del progreso, entre los principales logros de su mandato se encuentra la expansión del ferrocarril en México.

En la Ciudad de México, Porfirio Díaz se encontraba convaleciendo de una enfermedad en las encías, padecía sordera y agotamiento físico —tenía más de ochenta años de edad a fecha de mayo de 1911—, y ante la derrota de sus fuerzas en Ciudad Juárez comenzó a pensar en la renuncia, como se lo expresó al arzobispo de México, a su esposa y a su hijo Porfirio en la noche del 17 de mayo.

La noche del 23 de mayo, Díaz comenzó a redactar su renuncia, la cual fue supervisada por su secretario, Rafael Chousal. Finalmente, a las once de la mañana del 25 de mayo, la Cámara de Diputados, en medio de una manifestación de más de mil personas que exigía la renuncia de Díaz, aprobó en dictamen la renuncia del presidente Porfirio Díaz por unanimidad, a la vez que se señalaba a León de la Barra como nuevo encargado del Poder Ejecutivo. El dictador se fue a radicar a París, Francia donde murió. Así culminó el Porfiriato, época en que Díaz gobernó el país durante más de 30 años.

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