Ellos eran los nombres que debían bajar la estrellas del cielo. La Selección Mexicana pocas veces tiene la suerte de reunir a un grupo de futbolistas que pase por buen momento en Europa. Casi siempre se habla de alguna excepción: Márquez, Chicharito, Hugo. Nunca hubo tres jugadores en plenitud en una determinada zona del campo. Y nada podía ser mejor con ellos: los tres jugaban arriba. Únicamente había que esperar que tocaran la lámpara y el Tri iba a disfrutar de todo cuanto se le ha negado en cualquier época.

Cada sábado, Jiménez despertaba a todo México con una noticia monótona proveniente desde Wolverhampton: había marcado gol o puesto una asistencia. Lozano, a pesar de que le había costado adaptarse al Calcio, encontró el modo de perforar redes al tiempo que ganaba serenidad en su juego, siempre caracterizado por la explosión total (a veces bien encauzada; otras, no). Por su parte, Corona fue el mejor jugador del Porto durante unos dos años. Cada mercado era lo mismo: ahora sí se irá a un equipo de la élite europea. Eso solamente pasó hasta 2021, pero al menos había una certeza: Tecatito jugaba bien y existía la esperanza de que sus dos colegas tricolores y él se convirtieran en un ataque de miedo.

Te puede interesar: Wall Street cae en medio de preocupaciones por ajuste de la Fed y advertencias económicas

Anuncios

Nunca pasó. Es más, ni siquiera estuvo cerca de pasar. La dramática fractura de cráneo de Raúl Jiménez, en noviembre de 2020, alteró todos los planes habidos y por haber. El tridente quedó huérfano. Pero antes ya habían jugado juntos, como en el partido amistoso en el que una Argentina plagada de juveniles venció 4-0 a México, en septiembre de 2019. Jiménez, Lozano y Corona solo aparecieron en la alineación, porque en el campo su ausencia fue absoluta.

Cuando Jiménez regresó a la Selección, las ilusiones de los fans volvieron a aflorar. Ahora sí, que se pongan a temblar todos porque México tiene el ataque perfecto: la velocidad de Lozano, el toque de Corona y los goles de Raúl. La primera coincidencia en Eliminatoria Mundialista llegó hasta octubre de 2021, cuando alinearon para el partido contra Canadá en la cancha del Azteca. El marcador acabó 1-1 y el gol del Tri lo rubricó un lateral derecho: Jorge Sánchez.

Y si es injusto medir al tridente por goles, habría que decir que su desempeño, en cuanto a creación de oportunidades y asociación conjunta, fue igual de decepcionante: sencillamente dieron la impresión de no conocerse. Contra Estados Unidos, en Columbus, también jugaron juntos. México perdió 2-0. Lo mismo contra Canadá: derrota de 2-1.

La Eliminatoria entregó un registro revelador sobre el tridente de la esperanza: entre los tres, sumaron cuatro goles (uno para Lozano, uno de Corona y dos de Jiménez, ambos de penal). Hoy Corona está fuera del Mundial, aunque exista una luz de esperanza, y Jiménez ha aceptado que su inasistencia a Qatar es más probable de lo que quisiera aceptar. Lozano, por su parte, mantiene viva la enjundia que lo ha caracterizado desde sus primeros días en Pachuca, pero está lejos de sus mejores versiones. En el Napoli, ha pasado de noche en los tiempos recientes. Y en Selección, su hiperactividad apenas sirve para rescatar un partido amistoso. Nunca ha sido un jugador que transmita claridad, lo suyo es el rafagueo.

En medio del ocaso del tridente soñado, Martino ha tenido que probar opciones que hasta hace año y medio lucían lejanas. Alexis Vega y Uriel Antuna, por ejemplo, antes de Tokio 2020, eran vistos como planes alternativos. Hoy parecen encaminarse sin incidentes al Mundial. Alguno tendrá que ser el reemplazo de Corona en el once titular. Pasará mucho tiempo para que el Tri pueda presumir a otros tres jugadores con un buen nivel coincidente. Quizá no pase nunca. De igual: el destino es siempre el mismo.

Publicidad