En cuestión de minutos miles de toneladas de acero, concreto, vidrio y tuberías se precipitaron como una avalancha que impidió la salida de personas que quedaron atrapadas en el caos.

El horror de la alerta antisísmica no fue suficiente para preparar a los ciudadanos de lo que vendría, carreteras desgajadas, vuelos cancelados, escuelas con daños. Fueron no más de dos minutos en que la Ciudad de México regresó 32 años en el tiempo, y se ubicó en 1985.

Esa mñana cuando despertaron con la voz de la periodista Lourdes Guerrero, que en el noticiero matutino anunció que el temblor “se sentía un poco fuerte”, y luego la catástrofe,

El tercer sismo de gran magnitud que sacude al oriente del país fue de 7.1 grados Richter que fue precedido por uno de 6.8 grados. con diferencia de milésimas de segundos, pero eso bastó para destruir edificios.

Morelos, Ciudad de Méxicoy Puebla, son los estados más afectados pues la potencia del centro de la Tierra se movió con tal fuerza que sobló el acero como si se tratara de una hoja de papel.

El vaivén de algunos edificios no bastó para amortiguar el golpe y frente a la mirada de personas asustadas, varias construccioens cayeron; algunos vieron sus hogares desplomarse y con ello las lágrimas brotaron, acaso por miedo, acaso por angusta, acaso por alivio de haber podido salir a tiempo.

Pero no todos, algunos quedaron tendidos en aceras, otros bajo retorcidos escombros y el asombro apenas comenzaba porque el derrumbe de edificios se replicó por estas ciudades.

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