El 12 de julio de 2017, el perfil de la península Antártica cambió para siempre. Un gigantesco bloque de hielo, algo más grande que la Rioja, se separó de la barrera Larsen C dando lugar a uno de los mayores icebergs que se han formado. Lo llamaron A-68 y se ha convertido también en el monstruo de hielo más y mejor observado de la historia.

A medida que navegaba por las frías aguas del Atlántico Sur, esta masa de hielo que al nacer tenía 5.100 kilómetros cuadrados y sólo 200 metros de espesor se ha ido rompiendo, dando lugar a otros icebergs más pequeños. Su evolución ha sido vigilada permanentemente por los científicos gracias a la flota de satélites que permiten seguir su rastro con independencia del tiempo que haga o de la luz, algo imprescindible en las regiones polares, sumidas en la oscuridad durante el invierno.

Te puede interesar: Facebook y Google pactaron cooperar ante una posible investigación, asegura WSJ

Al poco de comenzar su viaje, perdió una masa de hielo que fue denominada A-68B (el bloque principal pasó a llamarse A-68A). El pasado abril se desprendió otro fragmento, A-68C. En julio, cuando navegaba por aguas más turbulentas, los científicos temieron que se produjeran más fracturas, como ha ocurrido en diciembre. Un nuevo fragmento del tamaño de Sevilla, que se llamará A-68D, se desprendió hace cinco días y otros dos fragmentos de hielo, A-68E y A-68F, se formaron el martes.

Casi tres años y medio después de su nacimiento, cuando se encuentra muy cerca de las Islas Georgias del Sur, han saltado las alarmas.

El iceberg principal, A-68A, tiene una superficie de 3.700 kilómetros cuadrados y una longitud de 135 kilómetros. Si no se desvía de la ruta que está siguiendo, los científicos temen que a finales de mes pueda chocar con la isla y ponga en peligro a la rica fauna que vive allí, tal y como ha advertido la Agencia Espacial Europea (ESA), que opera los satélites Sentinel del programa Copernicus que lo vigilan.

Las focas y los pingüinos figuran entre los animales más vulnerables pero la llegada del iceberg afectaría a todo el ecosistema y, por tanto, a otras especies que habitan esta zona protegida desde 2012. Allí viven animales como el lobo marino antártico o el elefante marino del sur, y aves como la paloma antártica o el pato geórgico.

Publicidad