Argentina es el tercer país de América Latina que más consume comida ultraprocesada, lo que explica en parte el incremento en el número de niños y adultos con obesidad en los últimos años, de acuerdo con informes oficiales.

Datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) confirmaron que en Argentina se consumen 185 kilos de comida y bebidas ultraprocesadas al año por persona, tasa que en la región sólo es superada por Chile y México, con alrededor de 200 kilos.

El escenario alimenticio se agrava porque desde 2013 Argentina se convirtió en líder del consumo de bebidas gasesosas y aguas saborizadas a nivel mundial, con un total de 137 litros per cápita anual.

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Las quejas o denuncias por la falta de variedad de los alimentos en este país sudamericano y por los sistemas de producción de los alimentos en general son frecuentes, pero no hay campañas efectivas de prevención ni de mejora del consumo.

La dieta argentina está compuesta fundamentalmente por carne de pollo, res y cerdo, que son criados de manera industrial; además de harinas (pastas y pizzas), arroz y escasas variedades de frutas y verduras.

El Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación (Cepea) reveló que en Argentina se come menos de un tercio de las frutas y legumbres deseables en una dieta saludable y más del doble de carne, harinas y dulces de lo que sería recomendable.

En contraste, los argentinos son líderes en el consumo de pan, gaseosas y sodio, lo que a la larga deriva en problemas de salud que afectan de manera particular a la población de menores recursos económicos que prioriza el consumo de alimentos baratos como pan y pastas procesadas.

Los riesgos, sin embargo, son para todas las capas sociales, ya que la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado descubrió que uno de cada 10 menores de edad padece de “hígado graso no alcohólico”, enfermedad producidad por acumulación de grasa.

Además, según un estudio de la OPS, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Argentina encabeza los indicadores de obesidad en América Latina.

Las organizaciones descubrieron que entre el 7.3 y el 9.9 por ciento de los niños argentinos menores de cinco años son obesos y que el país aumentó en un 45 por ciento sus estadísticas sobre obesidad en los últimos 10 años.

El gobierno argentino, en estudios propios, detectó que uno de cada cuatro estudiantes de niveles básicos padece sobrepeso, lo que a largo plazo puede derivar en un alto porecentaje de población obesa, con problemas cardíacos y diabetes, entre otros.

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