Si alguna vez has sentido incomodidad dentro de un edificio sin saber por qué, considera si era porque “sonaba mal”.

Hay oficinas o restaurantes donde el ruido traquetea incómodamente entre el piso y el techo, o las estaciones de tren donde los parlantes o altavoces reverberan hasta que se vuelven imposibles de descifrar.

Aunque quizá no te des cuenta en ese mismo momento, lo cierto es que en estos lugares te puedes sentir instintivamente incómodo.

En contraste, si caminas lentamente sobre suelos de madera como los que se encuentran en muchos museos, te puede envolver una sensación de calma al escuchar ese ruido. Pero ¿por qué?

Cada uno de estos edificios tiene su propia y única voz: la manera en que el sonido se comporta dentro de la estructura.

Cada vez más se está reconociendo que los edificios no solo deben ser construidos para ser funcionales y estéticamente agradables, sino también acústicamente amenos.

Por eso es que algunos arquitectos e ingenieros se están replanteando el diseño de los espacios y con qué materiales hacerlo.

Las investigaciones científicas sugieren que están en lo correcto: “la arquitectura aural” -la experiencia humana del sonido en el espacio- puede tener un efecto profundo sobre cómo la gente se siente dentro de un edificio y sobre su salud.

Arquitectura aural: experimentar un lugar a través de los oídos

“La arquitectura aural tiene que ver con cómo escuchamos los edificios, con los sonidos dentro de los edificios y cómo reaccionamos a estos”, dice Trevor Cox, un ingeniero acústico de la Universidad de Salford en Manchester, Reino Unido.

Principalmente usamos nuestros ojos para navegar por el mundo, pero nuestros oídos están constantemente recogiendo información de nuestro entorno, que inconscientemente altera cómo evaluamos el espacio.

“Entra en un cuarto vacío con los ojos vendados y podrás ‘escuchar’ su tamaño: si el techo es bajo o si tiene alfombra solo por la forma en que el sonido rebota en estas superficies”, explica Barry Blesser, exingeniero eléctrico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos.

“Podemos escuchar todo tipo de cosas. Lo que pasa es que no ponemos atención”, cuenta Blesser, quien acuñó la frase “arquitectura aural”.

Ruido, estado de ánimo, desempeño y salud mental

La manera en que el sonido interactúa con la estructura física de un edificio puede alterar nuestros estados de ánimo y emociones de manera significativa.

Puedes haber escuchado cómo las palabras susurradas viajan en el domo o cúpula circular de la Catedral de San Pablo, en Londres, o cómo la voz corre por el techo abovedado del piso inferior de la estación Grand Central de Nueva York.

Por otra parte está la gratificante manera en la que el cuarto de baño hace sonar tu mejor voz de cantante: podemos percibir estos entornos como agradables porque nos hacen sentir relajados o a gusto.

En contraste, el ruido molesto ha sido asociado con la depresión y la ansiedad y hasta podría reducir el rendimiento humano.

Hay estudios que muestran los vínculos entre el entorno edificado y la salud mental: vivir en un lugar residencial abarrotado y ruidoso puede generar una sensación de desamparo, mientras que cuartos silenciosos con techos altos pueden estimular el pensamiento abstracto y la calma.

Cuando el sonido de un edificio te transporta

Considera el impacto emocional que puede tener una estructura como Santa Sofía en Turquía. una antigua catedral y mezquita convertida en museo y uno de los edificios más famosos de Estambul.

“Tiene una estética sónica que es capaz de evocar lo divino”, asegura Bissera Pentcheva, una experta en Arte Medieval de la Universidad de Stanford, EE.UU., que investiga los aspectos espirituales de las estructuras medievales.

Construido hace casi 1.500 años, se dice que su interior abovedado con pisos y paredes de mármol eleva los cánticos humanos a sonidos etéreos que parecen emanar del interior de un océano, generando en el escucha una sensación de exaltación.

“Transporta el habla y y las canciones más allá del registro del idioma humano”, señala Pentcheva.

Tradicionalmente, la arquitectura tradicional suele considerar la voz sónica de un edificio únicamente cuando se trata de salas de concierto, donde la perfección acústica es clave.

Pero la idea de que puedes llevar esto un paso más allá -con la misma estructura actuando como una especie de instrumento musical que envuelve al público y es capaz de inducir sensaciones de tranquilidad, regocijo y tensión- es bastante inusual.

La ciencia detrás de la arquitectura aural

Un estudio neurológico que analizó cómo las propiedades acústicas de las estructuras influyen en la función cerebral concluyó que escuchar brevemente un tono de 110 Hz reduce la actividad en los centros del habla del cerebro y traslada la actividad a las regiones cerebrales del cerebro.

Eso es lo que sucede en el “cuarto del Oráculo”, en un templo subterráneo de Malta llamado Hipogeo de Hal Saflieni: cuando la voz de una persona alcanza la frecuencia de 110 Hz, es como si tomara vida.

El efecto es como si más voces se unieran, con los sonidos intensificándose en cada dirección hasta que literalmente se puede sentir como una vibración en la piel.

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