Entre la población general, el personal médico resulta especialmente susceptible a los estragos de la pandemia de la Covid-19, no solo por el peligro de contagio que acarrea laborar en hospitales, sino por los efectos emocionales y mentales derivados de la crisis sanitaria y económica. Una serie de estudios realizados por parte de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) destacó, contagiar a los familiares, ansiedad e insomnio son algunas de las repercusiones que sufren los profesionales de la salud.

Un 82 por ciento de los encuestados consideró que su empleo en el sector de la salud generó un impacto emocional durante la pandemia. Los principales efectos registrados fueron miedo, insomnio, tristeza y niveles anormales de preocupación. Pero no solo los estragos emocionales fueron parte de esta encuesta, también el Covid-19 afectó su economía, pues un 70 por ciento aseguró que su salario disminuyó desde marzo de 2020. El 38 por ciento de los casos vio una reducción a sus ingresos de entre 25 y 50 por ciento.

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Por otra parte, la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Milán, Italia, encontró que siete de cada diez profesionales de la salud en las regiones más afectadas de dicho país estaban cansados mentalmente y nueve de cada diez sufren alguno de los siguientes síntomas: ansiedad, estrés, irritabilidad, problemas de sueño, terrores nocturnos y crisis emocionales. La investigadora a cargo de la encuesta, Serena Barello, detalló que el estrés experimentado por un doctor son secuelas normales de la carga intensa del trabajo y las difíciles condiciones e incertidumbre de una pandemia.

De forma similar, estudios en Bélgica señalan, se ha duplicado la cifra de trabajadores en el sector salud que están considerando abandonar su profesión debido a los altos niveles de infelicidad, mismos que resultan cuatro veces más altos con respecto a lo registrado antes de la pandemia.

El personal médico trabaja a marchas forzadas con la intención de frenar el elevado número de contagios por el virus SARS-CoV-2, que ascienden a 26 millones 433 mil a nivel mundial, según cifras de la universidad Johns Hopkins. Ello ha derivado en un incremento del síndrome por desgaste o síndrome burnout, conllevando cambios en el estado de ánimo, agotamiento mental, apatía, falta de interés, entre otros síntomas. Esta situación pone a los profesionales de la salud en un estado especial de vulnerabilidad que, en ocasiones, pasa desapercibido para las instituciones de salud.

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