La tendencia de los niños a comer más o menos cuando están estresados y molestos, depende principalmente del entorno familiar y no de los genes como generalmente se le atribuye, destacó una investigación realizada por la Universidad Colegio de Londres (UCL).

El estudio descubrió que la genética juega un pequeño papel en la sobrealimentación y el consumo excesivo emocional de los menores de edad, a diferencia de otros factores como el ambiente familiar.

Analizaron datos de más de 398 gemelos británicos, y la mitad de las familias se seleccionaron específicamente porque los padres tenían obesidad.

Los investigadores identificaron que la alimentación emocional se fomenta por factores ambientales (entorno familiar), independientemente del riesgo genético del niño.

En un comunicado de la institución, el especialista Moritz Herle explicó que el estrés y las emociones negativas tienen efectos diferente en cada persona, de tal manera que unos tienden a comer demás y otros pierden apetito.

“Este estudio respalda nuestros hallazgos previos que sugieren que los excesos emocionales excesivos de los niños, están influenciados por factores ambientales y que los genes son en gran parte poco importantes para comer demasiado emocionalmente en la infancia”, apuntó.

Señaló que los padres que participaron en el Estudio de Desarrollo Temprano de Twins (TEDS) describieron las tendencias de sus mellizos a comer más o menos de lo normal cuando se sienten molestos o ansiosos.

Reiteró que la tendencia a querer comer más en respuesta a emociones negativas, podría ser un factor de riesgo para el desarrollo de obesidad, y la sobrealimentación y la falta de alimentación podrían ser importantes en el desarrollo de trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa.

En ese sentido, la investigadora Clare Llewellyn mencionó que es importante comprender cómo se desarrollan estas tendencias, ya que ayuda a los expertos a definir propuestas para prevenirlos o cambiarlos.

Publicidad