Desde hace algún tiempo, hay sospechas de que en las zonas donde la contaminación del aire es grande, como por ejemplo cerca de ciertas clases de fábricas o en zonas urbanas con mucho tráfico de vehículos con motor de combustión, la población infantil que vive allí afronta un riesgo de padecer asma y sibilancias que es mayor que el afrontado por la población infantil de zonas con aire más limpio. Una nueva investigación ha explorado la cuestión.

El equipo de Gitte J Holst, de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, ha constatado que los niños expuestos a niveles más altos de ciertas partículas finas en el aire (las del tipo PM2.5) tienen más probabilidades de desarrollar asma y sibilancias persistentes que los niños que no están expuestos a tales concentraciones.

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Los resultados del estudio respaldan los de una cantidad creciente de investigaciones que indican que la exposición a la contaminación atmosférica puede influir en el desarrollo del asma.

Las partículas del tipo PM2.5 tienen diámetros de 2,5 micrómetros o más pequeños, por lo que resultan fácilmente inhalables. Una vez inhaladas, pueden penetrar a gran profundidad en los pulmones y algunas pueden incluso introducirse en el sistema circulatorio.

Para dar una idea de lo finísimas que son estas partículas, pensemos que un cabello humano tiene unos 70 micrómetros de diámetro, lo cual lo hace 30 veces más grande que la mayor partícula de tipo PM2.5.

Las PM2.5 pueden provenir de varias fuentes, incluyendo centrales eléctricas, vehículos motorizados y calefacción doméstica.

Una infancia transcurrida en un barrio con aire lo bastante limpio reduce el riesgo de sufrir asma, en comparación con haberla pasado en un barrio donde el aire recibe un gran volumen de emisiones contaminantes. (Foto: Cade Martin / CDC / Dawn Arlotta)

Las conclusiones del nuevo estudio se basan en un análisis de datos de más de tres millones de niños daneses nacidos entre 1997 y 2014 y de quienes se hizo un seguimiento con especial atención a la aparición de asma y de sibilancias persistentes, desde la edad de 1 año hasta los 15 años.

De ellos, 122.842 niños comenzaron a sufrir asma y sibilancias persistentes a una edad media de 1,9 años.

Esta información se relacionó luego con mediciones detalladas de las sustancias contaminantes del aire en los domicilios de los niños, la existencia de asma en el padre o la madre, la existencia de tabaquismo en la madre y otros parámetros.

Este es un estudio solo de observación, por lo que no se puede establecer a ciencia cierta la causa de lo observado. Además, tiene algunas limitaciones, tal como advierten los investigadores, como la falta de información sobre la nutrición y la actividad física de los niños, y muchos factores relacionados con el ambiente dentro de las viviendas de los niños.

Sin embargo, las ventajas del nuevo estudio con respecto a investigaciones previas incluyen la gran cantidad de niños investigados.

Si bien lo descubierto en esta investigación debe ser corroborado en futuros estudios, los resultados sugieren que una mayor reducción de la cantidad de partículas PM2.5 expulsadas al aire podría ayudar a reducir la cantidad de niños que desarrollan asma y sibilancias persistentes en las poblaciones altamente expuestas. (Fuente: NCYT de Amazings)

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