Son variadas las razones por las que personas fuman, en solitario o en sociedad. La mayoría no pueden dejarlo fácilmente debido al elemento adictivo de las sustancias que incluye el tabaco. Sin embargo, hay algunas cosas que todo fumador debería saber y que podrían concienciarlos sobre el problema.

Por ejemplo, que el tabaco directa o indirectamente mata a un gran número de personas, estimándose una cifra que alcanzaría a la mitad de las personas que lo consumen. Se piensa que más de 8 millones de personas mueren anualmente debido a él. Siete millones son fumadores, y el resto solo fumadores pasivos, que han respirado el humo ajeno.

Te puede interesar: MIT apuesta por llevar proyectos de construcción al mundo digital 

En condiciones normales, una persona que consume tabaco puede esperar vivir unos 10 años menos que alguien que no fuma. Se ha calculado que, a partir de los 35 años, se pierden hasta tres años de vida por cada año que se ha pasado fumando. De hecho, una cifra tan pequeña como un solo cigarrillo al día incrementa hasta un 64% las posibilidades de que muramos más jóvenes de lo que deberíamos.

Ante ello, nunca será demasiado tarde para abandonar el tabaco. Si lo hacemos antes de los 40 años, nuestro riesgo de morir por alguna enfermedad relacionada con él disminuye hasta un 90 por ciento. Así que vale la pena intentarlo.

De hecho, los efectos de abandonar el tabaco son casi inmediatos. Por ejemplo, apenas 20 minutos después de fumar por última vez, recuperaremos una presión arterial y un pulso normales. Por otro lado, los niveles de monóxido de carbono presentes en nuestra sangre regresarán a la normalidad solo 12 horas después.

A medio plazo, transcurridas de 2 a 3 semanas, nuestra función pulmonar mejorará grandemente, como también nuestra circulación sanguínea.

Esa tos molesta y los problemas a la hora de respirar disminuirán progresivamente a lo largo de los primeros 9 meses libres de tabaco. Con las vías respiratorias limpias, se reducirán los riesgos de infección.

Transcurrido un año completo, se calcula que el riesgo de enfermedad cardíaca de un ex-fumador ha caído a la mitad respecto a uno que aún sigue fumando. Por tanto, las posibilidades de tener un ataque cardíaco disminuyen en gran medida.

A más largo plazo, a los 5 años de su abandono se reduce hasta en un 50 por ciento las probabilidades de sufrir un cáncer de boca, garganta, esófago y vejiga, mientras que las del cáncer cervical no se diferencian de las de un no fumador, como tampoco las de sufrir un accidente cerebrovascular.

En cuanto al cáncer pulmonar, a los 10 años habremos reducido a la mitad el riesgo de sufrirlo.

A los 15 años, es posible decir que el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca coronaria sea ya idéntico al de alguien que no haya fumado jamás.

Hay muchas personas que no dejan de fumar simplemente porque no se sienten mal. Pero el tabaco puede estar preparando el terreno para futuras malas noticias. Consumir una cajetilla de cigarrillos diariamente puede ocasionar hasta 150 mutaciones en el código genético de los órganos que, como los pulmones, sufren directamente sus efectos, algo que puede disminuir grandemente la esperanza de vida.

Incluso si no fumamos, podemos estar rutinariamente expuestos al humo producido por otras personas. Dado que dicho humo contiene más de 7.000 sustancias químicas y que entre ellas hay cientos tóxicas, con al menos unas 70 que pueden ocasionar cáncer, se hace necesario tomar medidas de distanciamiento y ventilación. No hay una cantidad de humo de tabaco que sea segura para un fumador pasivo.

Se ha calculado que 1,2 millones de personas fallecen prematuramente debido a esa exposición, además de numerosos casos de enfermedades cardiovasculares y pulmonares.

Algunos de los más vulnerables son los niños, pues se piensa que la mitad de ellos en todo el mundo se hallan expuestos a aire polucionado por tales sustancias tóxicas, provocando hasta 65.000 fallecimientos al año, e innumerables muertes súbitas en lactantes. En el mejor de los casos se diagnostican infecciones de oído y ataques de asma graves.

Por tanto, no debería estar permitido que se fume en un recinto cerrado.

El tabaco que no se fuma tampoco es inocuo. Mascar tabaco o tomar rapé también implica riesgos para la salud, como la aparición de caries en los dientes, cáncer de boca, manchas y llagas, etc. El tabaco que no se fuma, de hecho, contiene más nicotina que el que sí se fuma, y es la nicotina, como droga sumamente adictiva, lo que dificultará aún más el abandono de estos hábitos. (Fuente: NCYT Amazings)

Publicidad