En condiciones de bajo nivel de oxígeno, ciertos animales, como cerdos, ratones y ratas, pueden recurrir a sus intestinos para respirar. Así lo descubrió un grupo de científicos que, al buscar una alternativa potencial a la ventilación mecánica que se hizo tan vital para muchos pacientes con coronavirus, bombeó oxígeno en el recto de esos mamíferos. Los resultados de su investigación fueron publicados en la revista Med este 14 de mayo.

“La pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de ampliar las opciones de ventilación y oxigenación en las enfermedades críticas, y este nicho persistirá incluso cuando la pandemia disminuya”, enfatizó en su comentario al artículo Caleb Kelly, médico-científico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (Connecticut, EE.UU.).

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En búsqueda de un tratamiento eficaz y seguro

Antes de proceder a sus experimentos, el equipo científico se familiarizó con la estructura del intestino de las loachas, peces que habitan en aguas dulces de Eurasia y América del Norte y respiran, como el resto de sus congéneres, a través de sus branquias. Sin embargo, pueden utilizar su recto para proveerse de oxígeno al hallarse en condiciones de baja saturación del vital gas, detalla Live Science.

Se determinó así que la estructura de sus tejidos intestinales cercanos al ano puede cambiar al punto de que la densidad de los vasos sanguíneos vecinos se incremente. Además, el epitelio de la tripa de este pez es muy delgado, lo que significa que el oxígeno penetra fácilmente en el tejido para llegar a los vasos sanguíneos que están por debajo.

Tras estudiar esas peculiaridades, los peritos bombearon oxígeno al intestino grueso de roedores sometidos a un bajo nivel de O2. Resultó que los animales que no recibieron aire por esa vía solo sobrevivieron 11 minutos, mientras que otros que recibieron ventilación a través del epitelio intestinal adelgazado resistieron 50 minutos y mostraron entretanto signos de que no les faltaba oxígeno.

Sin embargo, los especialistas tuvieron que recurrir a otro medio para el suministro de O2, ya que el adelgazamiento del epitelio intestinal podría ser peligroso para los humanos, en particular entre enfermos en estado crítico. Por tanto, hicieron otra prueba con un compuesto químico que ya se aplica en personas: la perfluorodecalina (PFD, por sus siglas en inglés) enriquecida con oxígeno.

El PFD enriquecido con oxígeno también salvó a los ratones en cámaras con bajo nivel de O2. En concreto, una inyección de 1 mililitro del líquido permitió a los animales permanecer en dichas condiciones unos 60 minutos, cifra que superó con mucho las expectativas iniciales de los peritos.

Luego, el mismo experimento se llevó a cabo con cerdos. Así, los que recibieron el tratamiento con PFD mejoraron su oxigenación hasta tal punto que el color y calor de su piel volvieron a ser normales. Una infusión de 400 mililitros mantuvo estas mejoras a lo largo de 18-19 minutos, sin que los animales sufrieran efectos secundarios notables. Además, los científicos testearon la repetición de las dosis en ratas y observaron en ellas el incremento de los niveles de O2.

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