San Ignacio.- A tres kilómetros de Cabazán, en la comunidad de El Carmen se encuentra la Estación Biológica del Jaguar, un espacio rescatado de entre las ruinas que hoy es el refugio de biólogos e investigadores que durante todo el año monitorean en San Ignacio al más grande de los felinos de América, una especie amenazada por la cacería furtiva practicada por el hombre, pero también por la escasez de alimento y la pérdida del hábitat producto de la deforestación.

Frente a la principal amenaza que el hombre representa para este animal en peligro de extinción, la fotografía expuesta en el Museo del Jaguar de Cabazán es muy significativa, pues, lejos de representar una alabanza a la cacería, es una invitación a reflexionar sobre las acciones del hombre.

Es también una imagen histórica que data de 1950, tomada cerca del poblado La Labor, en la que posa Federico Nafarrete (izq.) junto a Francisco Ferreira. Y aunque se trata de un retrato crudo por la forma en que se muestra al felino, para los lugareños en favor de la conservación de esta especie es un «testimonio de la grandeza del jaguar y de su fortaleza como especie para seguir poblando y manteniendo el equilibrio ecológico de los bosques en San Ignacio».

El jaguar como factor de equilibrio

México es el único país en donde habita el jaguar y cuenta con su propio censo, lo que permite medir su densidad y realizar acciones enfocadas a su conservación, toda vez que, a pesar de su leve recuperación, sigue siendo una especie amenazada por la actividad del hombre.

El profesor Juan Carlos Ayala Barrón, originario de esta zona y colaborador en este proyecto junto a la maestra Yamel Rubio, su esposa, explica que el trabajo de concientización se realiza con niños, pensando en las nuevas generaciones, pero también con adultos, pues es una zona en la que tradicionalmente ha habido cazadores de venado y jabalí, que son el principal alimento del jaguar.

En esta región la ganadería es la principal actividad productivas y una de las más sensibles a la presencia del jaguar, por lo que, de acuerdo con Yamel Rubio, coordinadora del proyecto, han iniciado un proceso no solo de monitoreo, sino de educación ambiental, de conocer la forma en que los ganaderos ven al jaguar y saber si sus prácticas son amigables con el felino o no.

Estamos en ese proceso y queremos llegar a la sensibilización, porque estadísticamente sabemos que el jaguar no es el enemigo del ganado. Hay depredadores naturales, como el puma, los coyotes, incluso los perros domésticos, aunque, claro, si el jaguar se encuentra una vaquilla puede atacarla, pero existen fondos compensatorios que maneja la Asociación Nacional Ganadera y están dirigidos a resarcir los siniestros que pueda generar cualquier depredador natural

La investigadora Rubio subrayó que el jaguar es necesario en los bosques para la salud del ecosistema, pero lamentó que otro factor de riesgo sea la deforestación, cuya tasa consideró preocupante:

de entre 10 mil y 20 mil hectáreas anuales que se están perdiendo, información sólida de la Facultad de Ciencias de la Tierra y del Espacio, de la UAS, y publicaciones del Inegi, en donde se puede ver cómo la frontera agropecuaria le va ganando a los bosques

Otra de las amenazas, igual de preocupante, es la cacería furtiva del venado y el jabalí, el principal alimento del jaguar y por el que ha entrado desde hace años en una competencia con el hombre. Incluso, el profesor Ayala Barrón reconoció que, basado en algunas fotos que les han llegado, han podido confirmar que entre dos y tres jaguares avistados en el censo de 2010 han sido asesinados.

La estación biológica

La profesora Rubio Rocha, coordinadora de la Estación Biológica del Jaguar, y Juan Carlos Ayala Barrón, quien también participa activamente en los trabajos, explicaron por separado que en este espacio ubicado a 25 minutos de la cabecera municipal de San Ignacio se imparten clases, se hacen exposiciones y se procesa la información obtenida durante monitoreos que realizan estudiantes de biología, prestadores de servicio social y alumnos que realizan sus estancias.

Las instalaciones cuentan con cuatro pequeñas cabañas y una amplia zona para acampar bajo los árboles, además de varias hectáreas habilitadas como un corredor biológico con siete estaciones, en donde destaca la conservación de la vegetación y en donde las especies silvestres se movilizan y se reproducen.

Durante el recorrido por la estación biológica, guiado por el profesor Ayala y los biólogos Herminio Sicairos y Daniel Alvarado, predomina el canto de las aves y el olor a hierba; es mediodía, pero el clima es fresco y en gran parte del suelo se percibe la humedad debido a la brisa.

Publicidad