Para depurar varias tecnologías asociadas con el transbordador espacial Burán la Unión Soviética creó en los años 80 el programa BOR (Bespilotni Orbitalni Raketoplan/Беспилотный Орбитальный Ракетоплан, «avión espacial orbital no tripulado»). Dentro de este programa se lanzaron varios vehículos orbitales y suborbitales que probaron distintos aspectos del Burán. Los más famosos son sin duda los BOR-4, versiones a escala del malogrado avión espacial militar Spiral de los años 60 que se usaron para poner a punto el escudo térmico de losetas de cerámica del Burán. Entre 1980 y 1987 se lanzaron un total de siete BOR-4 en trayectorias suborbitales y otros cuatro en vuelos orbitales. Pero una vez que el transbordador Burán realizó su primer y único vuelo en 1988 el interés en este proyecto disminuyó por motivos evidentes. Pese a todo, el programa siguió adelante con el objetivo de desarrollar nuevas tecnologías, como por ejemplo permitir las comunicaciones durante la reentrada de una nave espacial.

Todos sabemos que durante la reentrada atmosférica a velocidades orbitales —y, a veces, también suborbitales— se crea una «bola de fuego» alrededor de la nave espacial. En realidad esta «bola de fuego» es una mezcla de gases neutros a alta temperatura y plasma, o sea, un gas de iones y electrones. El problema es que el plasma bloquea parcial o totalmente las señales de radio, impidiendo que una nave pueda comunicarse con la Tierra durante varios minutos o segundos, un inconveniente especialmente molesto en el caso de misiones tripuladas. La duración de este apagón de comunicaciones depende de la trayectoria y el tipo de nave. Por ejemplo, el transbordador espacial de la NASA —y el Burán soviético— llevaban a cabo una entrada atmosférica a menor temperatura que la de una cápsula, pero la duración de la fase de reentrada era mayor (la energía disipada es proporcionalmente la misma). Como resultado, el silencio radio en una Soyuz dura unos cinco minutos, pero en la primera misión del Burán la telemetría se interrumpió nada más y nada menos que durante dieciocho minutos.

Existen varias formas, algunas muy exóticas, para garantizar las comunicaciones durante la reentrada, pero los ingenieros de NPO Mólniya se decantaron por situar las antenas de radio fuera de la onda de choque que se crea alrededor del vehículo (y que es la que realmente produce las altas temperaturas de esta fase, no el rozamiento con el aire). Evidentemente esto es más sencillo en teoría que en la práctica, así que para probarlo se concibió el proyecto BOR-6. Esta versión del BOR era similar al BOR-4, pero con dos «cuernos» que se desplegaban durante la fase de reentrada y se situaban frente a la onda de choque, permitiendo mantener las comunicaciones con el vehículo en todo momento. Las antenas estarían situadas en los extremos de los cuernos y su forma sería puntiaguda para evitar la formación de ondas de choque secundarias y, con ellas, más plasma. Los cuernos, que le daban a la nave un aspecto parecido al de un escarabajo, estaban refrigerados mediante gas y empleaban materiales ablativos para evitar que se quemasen con las altas temperaturas de la reentrada. El BOR-6 tenía una longitud de 4,8 metros y una masa de 1.450 kg, 50 kg superior a la de la versión BOR-4 por culpa de la cornamenta de comunicaciones. La variante definitiva del sistema que se iba a instalar en los orbitadores de la familia Burán sería distinta y menos llamativa. Los «cuernos» móviles se sustituirían por dos cilindros situados en las puntas de cada ala, donde los sensores de los extremos permanecerían fuera del borde de la onda de choque.

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