Los millennials somos la generación más ansiosa. No basta con que seamos la generación inconforme; o que seamos conocidos como la generación floja, incapaz de mantener un trabajo a largo plazo; o que se diga que somos la generación más consumista, que compra tostadas con palta aunque cuesta cinco veces más que el pan. Tampoco es suficiente que seamos conocidos como la “generación Peter Pan” porque no adoptamos los patrones de conducta de lo que se considera un “adulto”; o que hayamos crecido y madurado en el apogeo de la tecnología y las redes sociales. Además, y principalmente, somos la generación que reporta más casos de trastornos de ansiedad diagnosticados y tratados.

La ansiedad es un mecanismo de respuesta normal cuando nos encontramos frente a situaciones de peligro o estrés; es un sistema de alerta que se activa cuando nos sentimos amenazados. Sin embargo, cuando la ansiedad se vuelve incontrolable y una persona tiene preocupaciones y miedos intensos, desmedidos y permanentes, se puede hablar de un trastorno de ansiedad.

Estar expuestos a las vidas perfectas (viajes, matrimonios, nacimientos de bebés, maestrías, trabajos “perfectos”) de amigos, familiares e incluso gente desconocida, hace que comparemos constantemente nuestras vidas con las suyas.
Estar expuestos a las vidas perfectas (viajes, matrimonios, nacimientos de bebés, maestrías, trabajos “perfectos”) de amigos, familiares e incluso gente desconocida, hace que comparemos constantemente nuestras vidas con las suyas.

Entonces, si los millennials somos la generación que supuestamente se toma todo a la ligera, ¿por qué somos la que más trastornos de ansiedad reporta? La Asociación Americana de Psiquiatría (APA), considera que la mayoría de millennials experimenta perfeccionismo multidimensional; es decir, sienten mucha presión por alcanzar metas cada vez más complejas, que miden con estándares más altos cada vez. Esto se debe, principalmente, al acceso inmediato y desmedido que tenemos, a través de las redes sociales y la tecnología, a las “vidas perfectas” que otras personas nos muestran.

A diferencia de los baby boomers y los generación X que tuvieron que adaptarse a las redes sociales en la adultez; y los Gen Z-ers, que han nacido con un dispositivo en la mano; los millennials nos hemos adaptado a la tecnología durante la adolescencia: cuando somos muy vulnerables a la presión social. Entonces, estar expuestos a las vidas perfectas (viajes, matrimonios, nacimientos de bebés, maestrías, trabajos “perfectos”) de amigos, familiares e incluso gente desconocida, hace que comparemos constantemente nuestras vidas con las suyas. Esto ha generado que inventemos términos como el FOMO: fear of missing out o miedo a perderse de algo.

¿Será oportuno pensar en la ansiedad como una señal de alerta generacional de que nos falta parar y reflexionar?
¿Será oportuno pensar en la ansiedad como una señal de alerta generacional de que nos falta parar y reflexionar? 

El FOMO es el nuevo mal de la generación millennial. Nos hace sentir constantemente que tenemos que hacer “más”, ser “más” y alcanzar “más”. La incertidumbre y presión que este “más” genera hace que estemos constantemente preocupados por no alcanzar nuestras metas y por no presentar al mundo la mejor versión de nosotros mismos, sin tener estándares reales que midan lo que es ser, realmente, mejor.

Si las redes sociales y el FOMO hacen que midamos nuestras vidas con estándares inalcanzables de perfección, ¿será oportuno pensar en la ansiedad como una señal de alerta generacional de que nos falta parar y reflexionar? Tal vez desconectarnos no sea la respuesta, pero puede que mirarnos a nosotros mismos en lugar de a los demás nos ayude a prevenirla.

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