El descubrimiento de un esqueleto femenino enterrado junto a herramientas de caza, sugiere que, hace 9 mil años, la actividad de la cacería de sustento no era sólo tarea de los hombres. Los restos se encontraron en la Cordillera de los Andes, Perú -anteriormente Wilamaya Patjxa- durante una expedición en el 2018. Un estudio publicado el 4 de noviembre de 2020 en Science Advances, indica los resultados del análisis óseo, corresponden a una mujer de aproximadamente 17 a 19 años de edad al morir.

Junto a ella, de forma intencional en el entierro, se colocaron puntas de piedra usadas como proyectiles, otras piedras para raspar y curtir pieles, y un cuchillo. Según los arqueólogos, en la antigüedad se enterraban a las personas junto a los objetos usados durante su vida. Motivo para pensar en una teoría de mujeres cazadoras, desconsiderada por años.

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Randall Haas, profesor de antropología en la Universidad de California y principal autor del estudio, precisó: “Fue necesario un argumento sólido para reconocer que el patrón arqueológico indicaba un comportamiento real de caza por parte de las mujeres”.

Luego de excavar y analizar 429 entierros en el continente americano, con 14 mil y 8 mil años de antigüedad, los científicos encontraron 27 cuerpos de cazadores: 11 mujeres y 15 hombres. Estos esqueletos habían sido enterrados con sus armas y herramientas, características determinantes para considerar su actividad principal.

Por su parte, la arqueóloga especialista en la población de América, Bonnie Pitblado, se refirió a los resultados como “bien fundamentados y una idea trascendental para futuras pruebas”, además de proponer cuestionar aún más los roles de género y los factores históricos que los determinaron. Para ella, y su investigación constante en la historia temprana de los nativos americanos, el estudio es “una contribución verdaderamente refrescante”.

Haas, al respecto, menciona: “Nuestro descubrimiento me motivó a repensar la estructura organizativa más básica de los grupos de cazadores-recolectores ancestrales, y los grupos humanos más en general”. Asimismo, el estudio sugiere a la caza de grandes animales como una actividad compartida entre los nativos americanos de ese entonces; dividida en 30% mujeres y 70% hombres.

Con la nueva información arrojada en dicha investigación, se pone en duda la teoría del “hombre cazador” y su prevalencia hasta estos días. Reconocer al hombre como proveedor de carne y a la mujer como recolectora de bayas y plantas paradójicamente se convirtió en cosa del pasado. Los resultados del estudio indican una organización del trabajo menos dependiente del género en labores comunitarias prehistóricas y cuestiona el presunto origen primitivo de las costumbres sociales.

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