Los humanos tenemos la cabeza más pequeña, las cejas más pobladas y pronunciadas y la cara más delgada que nuestros antepasados.

El rostro humano actual es muy distinto al que presentaban homínidos ya extinguidos como los neandertales.

Y es también diferente del de nuestros parientes más cercanos, como los bonobos y los chimpancés.

Pero, ¿cómo y por qué el rostro humano evolucionó de esta manera?

Si bien ya se sabía que nuestro rostro es como lo conocemos actualmente por razones biomecánicas y fisiológicas, ahora un nuevo estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution apunta a que también las relaciones sociales influyeron en su evolución.

El rostro es un complejo esquelético formado por 14 huesos que alberga partes de los sistemas digestivo, respiratorio, visual y olfativo, que nos permiten comer, respirar, ver y oír.

Por ejemplo, nuestros rostros se fueron reduciendo a medida que nuestra capacidad de cocinar y procesar los alimentos nos permitió masticar menos.

“Sabemos que factores como la dieta, la fisiología respiratoria y el clima han contribuido a la forma del rostro humano moderno, pero interpretar su evolución únicamente en estos términos sería una simplificación excesiva”, explica Paul O’Higgins, de la Universidad de York (Reino Unido).

O’Higgins es uno de los autores del estudio en el que también participaron científicos de la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), la Universidad Estatal de Arizona (EE.UU.) y la Universidad Complutense de Madrid (España).

Los científicos analizaron los cambios en la evolución del rostro desde los primeros homínidos africanos hasta la aparición de la anatomía humana moderna.

Y su conclusión es que la evolución del rostro puede haber sido impulsada en parte por nuestra necesidad de tener buenas habilidades sociales.

Según ellos, uno de los factores que hicieron que nuestra cara evolucionase fue la necesidad de tener más opciones de gesticular y de comunicarnos de manera no verbal.

Se trata de unas habilidades vitales para establecer las grandes redes sociales que se cree que ayudaron al Homo sapiens a sobrevivir, como se explica en un comunicado la Universidad de York.

En lugar de la pronunciada la frente de otros homínidos, los humanos desarrollaron una frente más plana y unas cejas más visibles y pobladas capaces de realizar una mayor variedad de movimientos, lo que nos permite expresar una amplia gama de emociones.

“Con la cara podemos señalar más de 20 categorías diferentes de emoción mediante la contracción o relajación de los músculos”, explica O’Higgins.

Y añade: “Es poco probable que nuestros primeros ancestros humanos tuvieran la misma destreza facial que nosotros”.

¿Y cómo será el rostro humano en el futuro?

“Las dietas modernas más suaves y las sociedades industrializadas pueden hacer que el rostro humano siga disminuyendo de tamaño”, afirma O’Higgins.

Pero añade: “Sin embargo, hay límites sobre cuánto puede cambiar el rostro humano. Por ejemplo, la respiración requiere una cavidad nasal lo suficientemente grande”.

Así, los científicos del estudio creen que seguirá evolucionando, pero no se sabe exactamente cómo.

Habrá que esperar para saberlo.

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