Un hombre lee en voz alta un texto en inglés, pero en realidad nadie escucha su voz. Detrás de él, una bocina retumba con fuerza y opaca por completo sus palabras; la música lo envuelve absolutamente todo, no hay manera de saber qué trata de decir. Luego, ese mismo hombre se coloca unos lentes con un par de sensores en las plaquetas nasales, esas pequeñas piezas que se posan sobre el tabique de la nariz y ayudan a sostener las gafas. La voz del hombre de pronto se torna completamente clara, la música sigue encendida, pero no se escucha el rock pesado de hace unos instantes. La lectura se comprende a la perfección.

El hombre que lee es Héctor Cordouvier, un ingeniero e inventor de Intel México, y los lentes son una de las creaciones más impresionantes que el llamado ‘Dream Team’ mexicano de la compañía estadounidense ha desarrollado en su laboratorio de Guadalajara. Cordouvier, junto a sus colegas Julio Zamora, Rodrigo Camacho, Alejandro Ibarra y Paolo López Meyer identificaron un día que cada una de las palabras que pronunciamos al hablar se convierten en vibraciones distintas que podían ser aisladas a través de unos sensores colocados en las plaquetas de los lentes. De esa manera, cada vez que Cordouvier, o quien sea que tuviera puestas las gafas, hablaba, las palabras se entendían a la perfección, quizá únicamente con un tono nasal que se corrige por medio de un software.

“Al no haber micrófonos, lo único que se capturan son las vibraciones nasales, podrías recibir una llamada en los lentes, estar en medio de un antro, y tu interlocutor podría pensar que estas en la biblioteca”, menciona López Meyer entre risas. “Se abre la posibilidad de hacer muchas cosas”.

Los lentes desarrollados por el ‘Dream Team’ generaron el interés de otras compañías tecnológicas para incorporar esa innovación en algunos de sus productos y, en total, el equipo registró casi una decena de patentes. Los ingenieros de Intel Labs en Guadalajara son, probablemente, el mejor ejemplo de uno de los cambios más profundos en el sector tecnológico que está ocurriendo en este preciso instante.

Desde hace casi una década, una pregunta ha rondado en el sector de la tecnología y la innovación digital del país: ¿existe un ‘Silicon Valley mexicano’?

“Antes de contestar eso, te diré algo. Hace unos años las empresas de tecnología decían ‘nosotros desarrollamos en nuestros países la innovación y el resto que lo hagan los mexicanos’”, dice López Meyer en un espacio de pruebas para drones inteligentes. “Ahora, cuando tienen un problema, dicen ‘pregúntenle a los mexicanos’”.

Textualmente parece no haber mucha diferencia, pero el cambio ha sido radical. Cuando a Guadalajara y la zona circundante a la capital jalisciense se le comenzó a comparar con la región de innovación más importante del mundo, todo parecía ser parte de la ‘mentefactura’ global: mexicanos brindando principalmente servicios de apoyo a las tecnológicas extranjeras, sin que realmente se desarrollaran inventos importantes cuyos beneficios se quedaran en México.

“Eran sobre todo jóvenes que daban servicio de apoyo a empresas del verdadero Silicon Valley, arreglaban líneas de código, generaban una que otra solución para esas compañías”, recuerda Antonio Yáñez, un ingeniero de Guadalajara que desarrolla una aplicación de seguridad para hogares y negocios. “Aquí no se generaban tantas patentes, no se construían tantos prototipos, no vendíamos la tecnología a otros lados”.

Pero eso es el pasado.

Impulsado principalmente por el desarrollo de aplicaciones digitales e innovaciones tecnológicas, México incrementó significativamente en los últimos años las solicitudes de patentes. Según cifras del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), en 2018 se realizaron mil 555 requerimientos de patente, mientras que una década atrás la cifra era de apenas 685.

Intel es un microcosmos de ese fenómeno. De 2000 a 2014, el número de patentes de los ingenieros mexicanos en sus laboratorios promediaba apenas una por año. Sin embargo, a partir de que los ingenieros del ‘Dream Team’ se unieron a sus campos de especialidad en 2015, Intel ha generado más de 90 patentes.

La tecnología desarrollada por los ingenieros mexicanos de Intel incluye las llamadas telefónicas por vibración nasal, conducción de vehículos autónomos, manejo de dispositivos por voz y ondas electromagnéticas, drones verdaderamente inteligentes, entro otras innovaciones que eventualmente pueden ser adquiridas por otras empresas a nivel internacional y de las cuales sus creadores son también beneficiarios.

La creatividad y el ritmo de generación de nueva tecnología de los ingenieros mexicanos le dieron a Intel la confianza de entregar a ellos la responsabilidad de la habilitación del primer chip 5G en el mundo. Una vez que esa red sea habilitada para uso generalizado en el planeta, las señales que usen chips de Intel pasarán eventualmente por Guadalajara.

El sector de la tecnología ha sido clave en la región. En 2017 y 2018 se crearon alrededor de 17 mil empleos en el sector tecnológico y de innovación de Guadalajara, mientras que el gobierno de la entidad aseguró una inversión de varias empresas por 222 millones de dólares para este año. Jalisco fue, después de la Ciudad de México, la entidad que más patentes solicitó por invenciones en 2018, con 580, de las cuales 276 eran diseños industriales con aplicaciones tecnológicas.

HP levantará centros de automatización, inteligencia artificial y machine learning. Oracle desarrollará soluciones en la nube y de datos autónomos. Sanmina tendrá ya seis laboratorios de innovación en la entidad. Google arrancará su proyecto “Google Station” en la región.

“Lo que vemos es innovación real en la zona”, asegura Santiago Cardona, country manager de Intel México. “Llevo muchos años en este país y puedo asegurar que el ritmo de crecimiento del sector tecnológico es ahora mucho mayor que antes”.

El empuje innovador de las grandes empresas ha permeado al mundo de las startups. Actualmente, la AMITI estima que en el país ya existen casi 4 mil empresas de tecnología, cuya facturación es de 444 mil millones de pesos al año, lejos de los gigantes del Silicon Valley original todavía, aunque por algo se empieza.

“Lo único que falta es un ‘empujón’ de los empresarios”, de acuerdo con Javier Orozco, CEO de Crabi, la primera aseguradora de autos de Jalisco y una de las primeras en todo el país que es completamente digital.

“Mi opinión es que tenemos un gran potencial, tenemos talento, con una alta especialización en distintas tecnologías de clase mundial y creo que la oportunidad está en los empresarios, en que puedan darle oportunidad a esos talentos, puedan dirigirlos para crear un producto o una innovación de clase mundial”, dice Orozco. “Y que no solo impacte México, no solo impacte la región, sino que pueda impactar al mundo”.

El CEO de Crabi comentó que las condiciones son únicas en Silicon Valley y como tal no se puede repetir; sin embargo, sí pueden replicarse algunas características para crear un ambiente de innovación, tal como lo hizo Israel con uno de sus ‘unicornios’.

“Hay un parteaguas típicamente en donde a partir de que se crea una startup con valuación de mil millones de dólares se le llama unicornio (…). Por ejemplo, en Israel, cuando se fundó Waze, salió al mercado y fue adquirida por Google en más de mil millones de dólares, se detonó una serie de inversiones y validó que la innovación es posible, y se creó un ecosistema”, añade.

Dadas las condiciones en que ha avanzado México, agregó el directivo, los próximos unicornios nacionales podrían llegar en los siguientes dos años.

“Yo creo que estamos bastante avanzados, creo que pronto veremos el primer unicornio mexicano. Hay ahí un par de empresas que ya superan los 100 millones de dólares y siguen creciendo a ritmos muy importantes”, señaló el también fundador de Crabi, empresa que aspira a ser unicornio hacia 2024.

Otra que se asoma como fuerte candidata para ser un unicornio en México es Zubale. Cofundada por Allison Campbell y Sebastián Monroy, la compañía conecta a miles de personas con empresas de comercio al menudeo para que trabajen para ellas como contratistas independientes.

A través de la app, las personas pueden elegir entre decenas de ‘tareas’, desde promover un producto en alguna tienda de autoservicio o visitar algún supermercado específico para auditar su funcionamiento.

“En México vemos un entorno tan favorable como el que hay en California y una posibilidad de crecimiento también muy grande”, menciona Campbell al teléfono. “Hay mucho potencial, mucho talento y eso es muy valioso”.

Zubale, cuyas oficinas están en la Ciudad de México, aunque tiene presencia en 94 urbes del país, pretende convertirse en poco tiempo en una aplicación tan indispensable dentro de la economía digital como lo es Uber o Rappi.

De hecho, el objetivo es la expansión permanente y su buena administración y números les han conseguido ya unos 4.4 millones de dólares en una ronda inversión liderada por NFX. Una cifra que hasta hace apenas unos cuantos años era un sueño para una aplicación desarrollada en México.

Las cosas han cambiado, insiste Zamora, el ingeniero de Intel, de vuelta en Guadalajara. Poco a poco y casi furtivamente, las innovaciones, tecnología y aplicaciones desarrolladas en México se consolidan en todo el mundo. Falta mucho para que el país o cualquier ciudad en específico se adjudiquen con total derecho el mote de “Silicon Valley mexicano”, pero la distancia es menor.

De hecho, Zamora, quien desarrolla un sistema de reconocimiento facial que podría transformar la industria del retail, considera que las bases para ese futuro prometedor son ya muy sólidas. “No es una exageración”, dice. “De verdad cada vez más en todo el mundo voltean a pedirnos soluciones a los mexicanos”.

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