Una central de energía geotérmica ubicada en un área de riesgo de terremotos en California fue vinculada con una reducción de la actividad sísmica en su entorno inmediato.

En los meses posteriores al terremoto de magnitud 7.1 del 5 de julio de 2019 en Ridgecrest, los sismólogos registraron miles de réplicas en la región. De forma sorprendente, no se observaron en el campo geotérmico de Coso, a sólo unos 10 kilómetros de las rupturas superficiales causadas por el choque principal.

Expertos de Caltech descubrieron ahora que las operaciones relacionadas con Coso durante los pasados 30 años han desestresado la región, haciendo que sea menos propensa a los sismos. Estos hallazgos podrían indicar formas de eliminar la tensión de manera sistemática en las áreas de alto riesgo, al mismo tiempo que se construye una infraestructura de energía limpia.

La investigación, publicada en Nature, se llevó a cabo en el laboratorio de Jean-Philippe Avouac, profesor de geología e ingeniería mecánica y civil.

Los campos geotérmicos, como el Coso, son áreas en las que el subsuelo tiene temperaturas particularmente altas, por ejemplo, como resultado de la actividad volcánica o tectónica. Este calor se puede utilizar para crear energía limpia que no requiere la quema de combustibles fósiles. A fin de aprovecharla, se bombea agua al suelo, donde se calienta; cuando ésta vuelve a la superficie, esa energía térmica se utiliza para generar electricidad.

Deformación “silenciosa”

Es importante destacar que durante el desarrollo de un campo geotérmico, muchos pequeños sismos (alrededor de magnitud 4) se desencadenan cuando se bombea el agua. Esto, por lo general, se considera una fuente de preocupación; varios proyectos de este tipo han sido abandonados debido a tal sismicidad “inducida”. Sin embargo, en este estudio, se encontró que esos pequeños temblores, así como la deformación “silenciosa” o asísmica (que ocurre sin producir un terremoto) causada por la inyección de fluido en realidad alivian el estrés y, por tanto, reducen el riesgo de un terremoto de mayor magnitud.

“La energía geotérmica es limpia y nos gustaría tener tanta como sea posible”, sostuvo Avouac en un comunicado.

“La sismicidad inducida, el desencadenamiento de muchos pequeños movimientos telúricos, durante el desarrollo inicial de un campo geotérmico se ha visto como un impedimento para construir más de esta infraestructura, pero nuestro estudio muestra que hay un beneficio. Podrías imaginar el desarrollo de geotermia en campos a lo largo de la falla de San Andrés, por ejemplo, donde obtendría energía limpia y disminuiría el riesgo de un terremoto”, explicó.

Dirigido por el investigador posdoctoral de Caltech Kyungjae Im, el equipo buscó modelar lo que sucede debajo de un campo geotérmico desarrollado para producir energía. Mediante la técnica interferometría de radar de apertura sintética, observó que la superficie del campo de Coso se ha deformado y hundido decenas de centímetros en las décadas transcurridas desde su creación. Construyó un modelo de esta anomalía y determinó que el subsuelo se contraía térmicamente debido al agua que se bombeaba.

Se llegó a la conclusión de que esta contracción térmica alivió algo de tensión en el área de Coso y permitió que el suelo se deslizara “silenciosamente”, es decir, de manera suave, lo que explica por qué la zona no tuvo réplicas importantes tras el terremoto de julio de 2019.

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