La Universidad de Oxford señaló que la reacción adversa grave que llevó a la suspensión de los ensayos clínicos de la vacuna contra COVID-19 que fabrica con AstraZeneca, pudo no deberse a la inmunización.

“Con cualquier vacuna existe el riesgo de reacciones adversas graves raras, como una reacción alérgica… Las reacciones en el sistema nervioso también son extremadamente raras”, señaló.

En el consentimiento informado que otorga a los posibles participantes de sus ensayos clínicos, la Universidad de Oxford explicó que uno de sus voluntarios desarrolló síntomas neurológicos inexplicables que incluyeron debilidad de las extremidades.

Después de una revisión independiente, se consideró poco probable que los síntomas del paciente estuvieran asociados a la ChAdOx1 nCoV-19.

No hubo pruebas suficientes para decir con certeza que las enfermedades eran o estaban relacionadas con la vacuna”, detalló.

Por ello, el comité independiente que revisó el caso determinó que los ensayos clínicos se reanudaran.

Tras recibir la aprobación del comité independiente, los ensayos clínicos de la vacuna contra el COVID-19 fueron reanudados el 14 de septiembre, según se comprueba en la base de datos EudraCT, sobre medicamentos autorizados en la Unión Europea y otras partes del mundo.

La potencial vacuna, que dio resultados prometedores en los primeros ensayos, cuenta con pruebas clínicas en Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y Sudáfrica.

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