Gracias al estudio de una serie de raíces fosilizadas encontradas cerca de la pequeña ciudad de Cairo, en el este del estado estadounidense de Nueva York, un investigador de la Universidad de Binghamton logró reconstruir los bosques que se extendieron hace más de 385 millones de años por lo que hoy es América del Norte, señaló la institución estadounidense.

Según detalla el científico Khudadad en una investigación publicada recientemente en PLOS One, el estado de Nueva York albergó uno de los bosques más antiguos de los que se tengan registro, los cuales han sido datados en el Devoniano Medio. Durante este periodo, en el que los primeros árboles comenzaron a colonizar la Tierra, la región norte del continente se encontraba en el hemisferio sur y tenía un clima predominantemente semiárido.

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Este antiguo bosque, apunta el paleontólogo, se extendía a lo largo de un canal fluvial que se llenaba estacionalmente de agua, creando una piscina vernal en un clima que, de otro modo, sería árido. Estas condiciones permitieron que se desarrollaran distintas especies de árboles a lo largo del ecosistema primitivo.

El análisis paleobotánico de las raíces fósiles halladas en Cairo permitió al experto identificar tres especies de árboles. Una de ellas es el ‘Eospermatopteris’, que poseía raíces ramificadas adaptadas a un ecosistema de inundaciones intermitentes y tenía una cantidad relativamente pequeña de madera en su estructura.

Por su parte, el ‘Archaeopteris’ era similar a las coníferas actuales; poseía un follaje que le permitía realizar la fotosíntesis y raíces leñosas que llegaban a extenderse 11 metros de ancho y se adentraban hasta 7 metros en el suelo. Además, fue identificado un posible árbol licopérido, relacionado con el musgo actual.

“Este hallazgo sugiere que los primeros árboles podían colonizar una serie de ambientes y no se limitaban a los ambientes húmedos”, como se ha llegado a plantear. “Los árboles no solo podían tolerar entornos más secos, sino también los duros entornos arcillosos que dominaban las llanuras” primitivas, demostrando que “los ecosistemas antiguos eran más diversos de lo que se pensaba”, señaló Khudadad.

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