Un estudio del dimorfismo sexual en animales, es decir, de las diferencias en el tamaño corporal entre los machos y las hembras de una misma especie, ha demostrado que la conjetura de Charles Darwin sobre un vínculo entre la selección sexual y las proporciones entre ambos sexos era cierta, pero la tendencia es en realidad contraria a la que predijo el destacado científico del siglo XIX.

Tanto en machos como en hembras, la selección sexual es más pronunciada no cuando las potenciales parejas son escasas, sino cuando son abundantes, afirma el profesor de biología Tamas Szekely en un artículo publicado en el sitio web The Conversation este jueves.

Él y un equipo de investigadores se enfocaron en la evolución de los machos que tienen un mayor tamaño en diferentes especies, particularmente aquellas en las que algunos ejemplares crecen varias veces más que las hembras, como en babuinos, elefantes marinos y varias aves migratorias.

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Darwin distinguió entre los rasgos involucrados en la selección sexual las elegantes colas de los pavos reales machos y otros adornos que buscan atraer al sexo opuesto y, por otro lado, los cuernos, las espuelas, los colmillos y el propio tamaño que muchos animales utilizan para someter a sus rivales en la competencia. Sin embargo, el fundador de la teoría de la evolución tenía una “evidencia limitada” para ver una tendencia que relaciona todos estos rasgos con la selección sexual, según Szekely.

Al analizar 462 especies diferentes de reptiles, mamíferos y aves, el estudio del que participó este biólogo de origen húngaro estableció que la selección sexual más intensa ocurre en especies donde hay muchas hembras para que los machos elijan, en lugar de una escasez de hembras, como supuso Darwin. Debido a que el mecanismo que impulsa la competencia por apareamiento es diferente al que él intuyó.

La selección sexual es en realidad un sistema en el que el ganador se lleva todo, sostiene el investigador. Eso significa que cuando una población animal cuenta con muchas parejas potenciales, un macho superior, normalmente el más grande y pesado, tiene una ventaja desproporcionadamente alta y fertiliza un gran número de hembras a expensas de machos más pequeños, que pueden no reproducirse en absoluto.

Pese a este nuevo entendimiento, el autor admite que la ciencia no tiene todavía una respuesta a por qué en algunas especies, como en los pájaros chorlitos, los machos superan en número a las hembras en una proporción de seis a uno, mientras que en otras, como los marsupiales antequinos australianos, todos los machos mueren abruptamente tras la temporada de apareamiento, por lo que hay momentos en los que no hay machos adultos vivos y toda la población adulta se compone de hembras preñadas.

El estudio de este equipo de biólogos sobre el dimorfismo y las proporciones de ambos sexos fue publicado recientemente en la revista Evolution.

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