El planeta Venus, “gemelo” de la Tierra, nunca albergó agua por las condiciones de temperatura y presión, lo que reduce la posibilidad de que en algún momento hubiera vida en él, revela un estudio basado en precisos modelos climáticos.

“Probablemente subestimamos los requisitos necesarios para que hubiera agua en planetas como la Tierra o Venus, e incluso en los exoplanetas”, explica a la Afp el astrofísico y climatólogo Martin Turbet, del Observatorio astronómico de la Universidad de Ginebra.

Sabemos hoy en día gracias a la exploración y a las sondas que, por ejemplo, Marte estuvo cubierto por grandes extensiones de agua.

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Pero la superficie de Venus, escondida bajo espesas nubes de microgotas de ácido sulfúrico, todavía sigue siendo un misterio.

La importante presión atmosférica, más de 90 veces la de la Tierra, y una temperatura infernal de 470 ºC, hacen casi imposible el envío de sondas a la superficie del planeta.

Sin embargo, un estudio se preguntó en 2016 si Venus había sido habitable en algún momento, partiendo de la hipótesis de que su espesa capa de nubes hubiera podido proteger el agua de la superficie.

Los resultado, publicados esta semana en Nature, y firmados por Martin Turbet, junto a astrofísicos de laboratorios franceses, pone en duda este escenario.

Efecto invernadero

“Antes de saber si pudo haber agua de forma estable en la superficie de Venus, hay que saber cómo podría haberse formado”, declaró Martin Turbet.

Para ello hay que analizar cómo, hace miles de millones de años, se pasó de un planeta “muy joven y muy cálido”, con agua en “forma de vapor en la atmósfera”, a la hipótesis de un planeta donde al enfriarse, se hubieran podido formar extensiones con agua por condensación.

El equipo de Turbet usó un modelo climático preciso, que toma en cuenta la formación de nubes y la circulación atmosférica. Las conclusiones son rotundas.

El Sol calentó el vapor de agua en la atmósfera de Venus a una temperatura demasiado elevada para permitir la formación de nubes por condensación.

Esas nubes protegerían la parte soleada del planeta permitiendo que la atmósfera se enfriara lo suficiente para provocar la condensación del vapor dando lugar a agua en superficie.

Además, las masas de aire calentadas por el Sol en su parte expuesta, se desplazaron a la cara en sombra del planeta, donde formaron nubes muy altas que provocaron un efecto invernadero, lo que impidió que se enfriara su atmósfera.

Insolación

¿Y por qué la Tierra, planeta rocoso del mismo tamaño que Venus, no sufrió el mismo destino?

“Cuando el Sol era joven, hace cuatro mil millones de años, tenía un volumen de 25-30 por ciento inferior al actual”, explica Martin Turbet.

El calor que recibía nuestro planeta no era tan alto como para impedir la condensación del vapor y la formación de agua. Venus, que está mucho más cerca del Sol, sufría una insolación de cerca del doble de la de la Tierra.

El estudio deja una “pequeña sorpresa”, como detalla Turbet: con la insolación actual de la Tierra, “si se evaporasen todos los mares de la Tierra, la situación sería estable”.

Dicho de otra manera, viviríamos entre océanos de vapor de agua, y la condensación sería poco probable. Si el Sol hubiera estado un poco más caliente hace varios miles de millones de años, no habría habido extensiones de agua en nuestro planeta, y seguramente tampoco vida.

El modelo climático desarrollado para Venus servirá para estudiar exoplanetas pertenecientes a otros sistemas solares. Mientras tanto, encontrar formas de vida en Venus resulta poco probable.

El año pasado, otro estudio mencionaba la detección en las nubes de Venus de un gas que podría estar relacionado con la vida. En aquel momento se pensó que la evaporación de las superficies de agua en este planeta podrían haberse llevado consigo formas de vida a las nubes.

Varios estudios publicados desde entonces refutaron estas observaciones. Finalmente en junio, una nueva publicación afirmó que era imposible la vida en estas nubes, por la falta de agua.

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