A menos de dos meses y medio de la elección, en Veracruz no se observa a otro ganador de la contienda por la gubernatura estatal. La pelea es y será entre dos fuerzas: La alianza PAN-PRD-MC frente a la de los partidos MORENA-PT-PES. Miguel Ángel Yunes Márquez y Cuitláhuac García Jiménez. Miguel o Cuitláhuac, no hay más.

Y no hay más, porque en el bando contrario ni siquiera hay partido, y pareciera que tampoco hay candidato. Por más que Pepe Yunes hace intentos por posicionarse como tal, la suya parece una lucha perdida.

En el lado del otrora partido invencible, el que se está llevando todas las canicas en juego -porque eso parecen las posiciones que está ganando- es Héctor Yunes Landa, quien hace la lucha para parecer poderoso triunfador. Realmente no es mucho lo que tiene.

Veamos el caso de Héctor. Primero: es el coordinador estatal de una campaña presidencial que no levanta, la de Pepe Meade; segundo: ha colocado a su gente en varias delegaciones estatales que tendrán una vigencia hasta diciembre, una vez que gane la presidencia el que se sostenga en las encuestas y en la simpatía popular y pida las renuncias a los que no son de su cuadra política. Y tercero: ha conseguido diputaciones para él, para su hija y para dos o tres de sus principales y asociados, pero no olvidemos que el priismo será minoría. Pero bueno, algo es algo, dijo el calvo.

Y por desgracia para Pepe Yunes, la voracidad de Héctor le ha provocado mayor debilidad. Si se habla de la eficiencia de Américo, es una cualidad ficticia, aumentada a golpe de billetera. La prensa veracruzana está informando puntualmente las defecciones, las traiciones, las decepciones y las inacciones en el priismo. Y esa situación puede crecer más en las semanas que vienen.

Observando el grisáceo panorama tricolor, todo indica una debilidad o desinterés creciente en Pepe y su entorno cercano. Y en el partido, un exceso de actitudes propias del río revuelto y de los pescadores gananciosos.

La coyuntura veracruzana de los años recientes y el hecho de que los recursos estén a su disposición, hacen factible el triunfo electoral de Yunes Márquez el primero de julio. Hasta Amadeo, el gurú tropical del confort político, viajó solícito a su feudo. Y la manada del pelaje tricolor corre desaforada hacia las fértiles praderas del yunismo azul.

Y en el carril adjunto, vuela a igual velocidad Cuitláhuac García, sostenido por el tsunami morenista que envuelve y ahoga conciencias y territorios. Como victorioso gladiador, hace pocos días fue al estadio más grande y se colocó la camiseta del equipo preferido de los veracruzanos y dicen que hasta la voluntad del veleidoso Kuri.

Las encuestas más serias señalan que Veracruz sólo tiene a estos dos candidatos como posibles triunfadores. Yunes Zorrilla tendrá que esperar y, sobre todo, decidirse a jugar para ganar, pero eso ya será en otra ocasión.

Miguel o Cuitláhuac. Cuitláhuac o Miguel. Por lo pronto no hay más.

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