Los tres primeros secretarios del gabinete de Cuitláhuac García Jiménez cumplen con una característica esencial que los convertirá en cercanos colaboradores del próximo mandatario veracruzano: los que hasta ahora han sido invitados a cargos con el gobernante electo, lo consiguieron en virtud de las muestras personales y las aportaciones políticas en favor del partido Morena y de la campaña presidencial, que en su momento fueron conocidas y agradecidas por el propio Andrés Manuel.

No llegaron a esas designaciones a causa del amiguismo con los altos jefes; tampoco obedecieron a presiones mediáticas o a recomendaciones de políticos importantes. Ocuparán esos cargos porque ellos tuvieron un determinado peso específico en el triunfo del futuro presidente de la república, si bien es cierto que el poderoso arrastre de AMLO fue ganando espacios y voluntades.

Los que finalmente obtengan el nombramiento para los demás puestos, no van a ser personas que hayan estado vinculadas a otras fuerzas políticas ajenas a López Obrador. El presidente electo está atento a todo y a todos, y no permitirá abrir espacios—o boquetes—por donde pueda fugarse la fuerza conseguida con mucho esfuerzo después de tantos años de lucha.

Tanto Eric Cisneros Burgos en la Secretaría de Gobierno, como Ernesto Pérez Astorga en la de Desarrollo Económico y Portuario, o como Roberto Ramos Alor en la de Salud, puede afirmarse que serán titulares de esas dependencias por haber trabajado en favor del partido Morena y porque oportunamente se definieron como gentes de López Obrador.

Los que pretendan ser generales de Cuitláhuac, no podrán conseguirlo sólo por tener conocimientos en la materia, o “gran experiencia”, o por llevar estrellas que pudieran pertenecer a otros firmamentos y colores con mácula.

Los interesados en los cargos pendientes deben dejar que Cuitláhuac los observe a través del microscopio y los acuerde con López Obrador. Ha quedado claro que no cuentan los lloriqueos, las especulaciones o las promociones vanas.

Y los que hayan sido aprobados hasta este día, debieran seguirse dando a conocer en el territorio estatal y en las tertulias, siempre y cuando también estén capacitándose en los diagnósticos y en las legislaciones sobre el campo en que se desenvolverán, amén de estar diseñando desde ahora las estrategias y la planeación con la que conducirán sus actividades futuras en esas áreas de gobierno. Porque, si no es para prepararse adecuadamente, entonces, para qué los nombraron con anticipación.

También es importante que los futuros secretarios de despacho se alleguen de los colaboradores que puedan realmente ayudarles en las tareas institucionales y que, desde luego, cuenten con la aprobación expresa de García Jiménez.

Si pretenden empezar bien, no pueden cometer errores de ningún tipo, por muy insignificantes que pudieran parecer.

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