Como se pudo constatar el pasado miércoles por la noche, las pruebas presentadas, los interrogatorios a testigos y cómplices, y las declaraciones de Tarek Abdalá, uno de los tesoreros que tuvo Javier Duarte, sólo alcanzaron para una ridícula sentencia de nueve años de cárcel para el exmandatario de Veracruz, que como era de esperarse, no satisfizo a la indignada población estatal.
Será necesario que el gobernador Yunes Linares saque de la chistera o de su escondite a Carlos Aguirre Morales, uno de los exfuncionarios duartistas que conoció con detalle el tejemaneje de la SEFIPLAN en esos tiempos de desorden y algarabía plena en el gabinete.
En el editorial AGUIRRE Y SILVA: CARTAS MARCADAS del pasado 6 de abril, Palabras Claras describió a este suertudo y escurridizo personaje:
“Pero llegó Fidel y el normativo contador empezó a tener importancia relevante en los manejos financieros y en las transferencias de recursos de un fondo a otro, y de ahí a la revolvedora sin fondo. En ese sexenio enseñó el cobre, la elegancia en el vestir y el gusto por las adquisiciones y exquisiteces inmobiliarias.”
“En la época del duartismo alcanzó el cargo de Subsecretario y encargado de la Secretaría, y en reciprocidad con su jefe en Palacio, simplificó la transferencia de valores monetarios, poniendo en práctica las célebres y prácticas cajas de huevo que contenían los bien medidos diez millones de pesos, que el abundante gobernante necesitaba para la gestión institucional en cada ocasión.”
“Algunos enterados han desvelado que con otras repletas cajas de huevo que derivó a su territorio, el habilidoso contador fortaleció su creciente hacienda personal. Eso explicaría los díceres y mitos locales que hablan de palcos en el Estadio Santiago Bernabeu de Madrid, de casas grandes, medianas y chicas, de automóviles de alta gama y de concurridas fiestas con magistrales orquestas de cumbia colombiana.”
“…Y como resultado de sus supuestas cuentas y cuentos al nuevo gobierno, el señor Aguirre recibió un privilegiado pasaporte de impunidad. Según las lenguas de doble filo, hoy por hoy, el profesional de los números anda completamente perdido.”
Yunes Linares tiene sólo dos meses para encontrarlo, o para decidir sacarlo a la luz pública, y que cuando menos el hecho sirva para que el esmerado contador revele las cosas graves y desordenadas que operó financieramente por encargo de su jefe y amigo temporal.
No son pocos los que creen que Aguirre tiene la libreta completa y los números definitivos sobre los oscuros manejos de dinero público durante el régimen duartista. Así como otros personajes que en su burda farsa atesoraron fortunas y caminan en libertad, con toda indecencia e inmoralidad, que entendieron los consejos de Isidro Corominas Galvéz -avecindado en Misantla, Veracruz y preso por fraude- que al ser visitado en la cárcel solía decir: “Mis hijos no comen honras, mis hijos comen pan. La honradez es patrimonio de pendejos.”
Carlos Aguirre debe ser el codiciado eslabón perdido que compruebe la magnitud del robo a Veracruz y el que, por otro lado, pudiera convertirse en la figura central del último acto circense del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares.
