Con el lema “no hay nada que celebrar”, jóvenes de la llamada Generación Z realizaron la Marcha del Silencio, una movilización nacional para visibilizar el luto, la violencia y la exclusión política que, afirman, han marcado el último año bajo el gobierno actual.
La protesta fue encabezada por Iván Rejón, vocero del movimiento, quien subrayó que se trata de un acto de inconformidad frente a la marcha oficialista del pasado 6 de diciembre. “No es un año de fiesta, es un año de muerte, de miedo y de abandono”, sostuvo, al señalar que las juventudes no se sienten representadas ni escuchadas por la clase política.
La movilización se replicó en ciudades como Cuernavaca, Morelia, Guadalajara, Durango y Chihuahua. En la Ciudad de México, los participantes avanzaron en silencio del Ángel de la Independencia al Zócalo para exigir seguridad, justicia y el fin de la violencia.
Rejón fue enfático al deslindar la protesta de cualquier partido. “Es en contra de todos los actores que no están haciendo su trabajo”, afirmó, al tiempo que llamó a no impulsar discursos que profundicen la división social.
También criticó la narrativa del gobierno federal que -dijo- niega la existencia de la oposición cuando le conviene, pero atribuye cualquier inconformidad social a intereses partidistas. “Cuando protestan jóvenes, transportistas, campesinos, personal de salud o madres buscadoras, siempre dicen que detrás está el PRI o el PAN”, reprochó.
En contraste, calificó como una simulación la llamada marcha de la “verdadera Generación Z” en apoyo a Morena. Un Zócalo semivacío, trabajadores del gobierno movilizados, campesinos presionados y ciudadanos exigiendo atención a sus carencias. “Esa es la cara real del México que vivimos”, concluyó.
En silencio, sin acarreados ni consignas oficiales, la Generación Z caminó para recordar que mientras el poder se festeja a sí mismo, el país sigue contando muertos, desaparecidos y jóvenes sin futuro. Porque cuando no hay nada que celebrar, el silencio termina siendo la denuncia más estridente.







