La llegada de Daniela Griego Ceballos a la presidencia municipal de Xalapa para el periodo 2026–2029 redefine el equilibrio político en la capital veracruzana. No sólo se trata de la segunda ocasión en que una mujer electa encabeza el Ayuntamiento, sino del afianzamiento de un proyecto de izquierda que, por tercera vez consecutiva, retiene el control político de uno de los municipios estratégicos del estado.
El mensaje del acto de toma de protesta fue claro y calculado. La presencia de la gobernadora Rocío Nahle García no respondió a un protocolo menor, sino a la necesidad de subrayar la alineación vertical del poder en Veracruz. Xalapa no es únicamente la capital administrativa; es un bastión simbólico y electoral de la Cuarta Transformación. Desde ahí, el nuevo gobierno municipal asume sin matices su pertenencia al proyecto nacional encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum y sostenido por Morena en los tres niveles de gobierno.
La amplia asistencia de actores de los sectores político, social, empresarial, cultural e incluso eclesiástico debe leerse como un gesto de legitimación anticipada. No es sólo una señal de apertura, sino una estrategia para desactivar, desde el inicio, posibles frentes de oposición y enviar el mensaje de que el nuevo gobierno buscará gobernabilidad antes que confrontación abierta, sin renunciar a su identidad ideológica.
Sin embargo, la continuidad también implica desgaste. Morena gobernará Xalapa por tercera ocasión consecutiva y eso eleva el costo político del fracaso. El margen para culpar herencias se acorta y la narrativa de transformación entra en su fase más exigente: la de los resultados. En este contexto, la conformación del Cabildo es importante. La mayoría femenina y la inclusión de personas con discapacidad refuerzan el discurso de inclusión, pero también colocan al órgano edilicio bajo el escrutinio de si esa representación se traducirá en decisiones efectivas o quedará como capital simbólico.
El perfil de Daniela Griego es parte central de la apuesta política. Su trayectoria de más de 30 años en el activismo social y la defensa de derechos humanos, así como su paso por el Congreso local y la dirección del Instituto de Pensiones del Estado, son utilizados para construir una narrativa de solvencia técnica y legitimidad ética. El rescate financiero del IPE funciona como antecedente clave para justificar su capacidad de enfrentar un Ayuntamiento con rezagos estructurales y finanzas presionadas.
El énfasis en haber recorrido más de 400 colonias antes de asumir el cargo responde a una lógica política precisa: blindar la legitimidad desde el territorio. No se trata sólo de cercanía, sino de una estrategia para anclar el discurso de gobierno en demandas reales y medibles. Agua, drenaje, pavimentación, movilidad, seguridad y servicios públicos son problemas estructurales que han sobrevivido a distintos gobiernos y que hoy ponen a prueba la eficacia del proyecto de la Cuarta Transformación en el ámbito local.
Los ocho ejes estratégicos anunciados funcionan como marco político-programático, pero también como compromiso público. Participación ciudadana, desarrollo urbano, medio ambiente, seguridad y reactivación económica son banderas que requieren algo más que foros y diagnósticos. La construcción del Plan Municipal de Desarrollo mediante consultas amplias será un ejercicio político delicado: puede fortalecer la gobernanza o evidenciar simulación si no se traduce en decisiones reales y presupuesto asignado.
Los primeros 100 días serán clave. Audiencias públicas, obra básica y programas sociales no sólo servirán para atender urgencias, sino para medir la capacidad de ejecución del nuevo gobierno y su habilidad para pasar del discurso a la operación. En política, los primeros meses no definen todo, pero sí fijan percepciones que suelen ser difíciles de revertir.
El cierre discursivo de Griego Ceballos -“primero los que más lo necesitan”- es una consigna conocida y, al mismo tiempo, una promesa riesgosa. En un contexto de alta expectativa social, esa frase obliga a decisiones presupuestales claras, a transparencia y a rendición de cuentas constantes. De lo contrario, el desgaste será rápido y el capital político acumulado puede diluirse.
Xalapa entra en una etapa determinante. El poder está alineado, el respaldo electoral existe y el proyecto político es claro. A partir de ahora, el desafío no es ganar elecciones, sino gobernar con eficacia. La pregunta central no es si Morena seguirá controlando el Ayuntamiento, sino si será capaz de demostrar que gobernar desde la izquierda implica transformar la realidad cotidiana de la ciudad y no sólo administrar el poder municipal.







