La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, eligió el terreno cómodo para responder a Ni venganza ni perdón, el libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez dentro del foro aliado del programa Los Periodistas, conducido por Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela, transmitido en plataformas digitales la tarde de ayer lunes.

Ahí dijo que no ha leído el libro ni tiene intención de hacerlo. Pese a ello, y en un mundo de contradicciones y falta de dicción, lo calificó como un compendio de “chismes” y lo atribuyó a una traición política. El argumento central no fue desmontar datos o precisar hechos, sino desacreditar la motivación del autor. Descalificación sin lectura, una defensa que, por definición, evita el fondo.

Identidad bajo escrutinio

En la conversación, Rocío Nahle volvió a subrayar, con énfasis, su identificación como originaria de Coatzacoalcos. El dato biográfico es conocido: nació en Zacatecas. En términos jurídicos, la controversia está zanjada; su elegibilidad y ejercicio como gobernadora de Veracruz se ajustan al marco constitucional vigente.

El punto, sin embargo, no es estrictamente legal. La insistencia en una narrativa territorial específica revela que la identidad sigue siendo un eje estratégico de su discurso político. En la esfera pública, la biografía no es un elemento ornamental: es un componente verificable que incide directamente en la percepción de autenticidad.

El episodio reactiva una discusión que parecía superada: la distinción entre arraigo político y lugar de nacimiento. Puede ser un matiz técnico, pero en política los matices construyen —o erosionan— credibilidad.

Dos Bocas: técnica vs. narrativa

El libro cuestiona su gestión en la Secretaría de Energía y su cercanía con Manuel Bartlett, además de la selección del terreno para la refinería de Dos Bocas y posibles irregularidades ambientales.

Nahle defendió que el predio era propiedad de Pemex y que existía Manifestación de Impacto Ambiental desde 2013, misma que -según afirmó- fue actualizada conforme avanzó la obra. Sostuvo que estudios comparativos dieron mayor viabilidad a Dos Bocas sobre Tuxpan y Coatzacoalcos.

Sin embargo, la respuesta se mantuvo en el plano declarativo. No hubo documentos, cifras técnicas ni referencias puntuales que permitieran contrastar versiones. Las acusaciones fueron calificadas de “mentiras”, sin argumentación jurídica o ambiental.

Obradorismo como escudo

La gobernadora reiteró su lealtad al proyecto de Andrés Manuel López Obrador y expresó respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum. Reivindicó la política energética como parte de un plan de nación trazado desde 2006 y presentó la refinería como símbolo de soberanía.

No obstante, las críticas al “neoliberalismo” carecieron de indicadores comparativos o evidencia económica concreta. El discurso se sostuvo en consignas y definiciones ideológicas más que en análisis técnico. Algo que se ha normalizado en el ambiente morenista.

Más política que rendición de cuentas

Nahle recordó que era senadora con licencia cuando asumió la Secretaría de Energía y enumeró como logros la rehabilitación de refinerías, la compra de Deer Park y la construcción de Dos Bocas. El espacio televisivo no ofreció contrapreguntas sustantivas ni contraste de datos.

Cinco años después de la salida de Julio Scherer Ibarra del gobierno federal, el libro ha tocado fibras sensibles en un entorno marcado por la autocomplacencia que suele acompañar al obradorismo, al morenismo y a lo que se ha denominado la Cuarta Transformación. La reacción de la mandataria deja ver que la controversia trasciende lo editorial: el fondo es político.

Desacreditar al mensajero puede funcionar como recurso táctico en la disputa partidista. Sin embargo, ante la opinión pública, evadir el análisis puntual de los señalamientos no cancela la interrogante sustantiva: ¿existieron decisiones controvertidas en la política energética o todo se reduce a agravios personales?

El debate de fondo -técnico, administrativo y político- permanece abierto.

Publicidad