Joaquín Guzmán Loera, conocido como “El Chapo” y fundador del Cártel de Sinaloa, permanece bajo un régimen de confinamiento extremo en Estados Unidos que su defensa describe como degradante y contrario a la ley. Actualmente purga cadena perpetua más 30 años adicionales en la prisión federal de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado.
Sentenciado en 2019 por una corte federal tras ser declarado culpable de tráfico de drogas, delincuencia organizada y lavado de dinero, Guzmán fue clasificado como interno de alto riesgo. Por esa razón, se le aplican Medidas Administrativas Especiales (SAM), un esquema que limita al máximo el contacto humano y las actividades dentro del penal.
De acuerdo con declaraciones de su abogada al periódico Reforma, el exlíder criminal vive en aislamiento permanente: pasa las 24 horas del día en una celda individual donde duerme, se baña y realiza todas sus actividades. No puede trabajar, no convive con otros reclusos y carece de acceso a actividades recreativas o educativas regulares.
La única comunicación presencial autorizada es con su defensa legal y sus hijas. Según la abogada Mariel Colón Miró, no recibe atención psicológica y el servicio médico es insuficiente. Señaló que padece problemas dentales graves desde hace más de un año, además de sinusitis, dolor de oído y congestión nasal persistente.
La defensa también denunció que el sistema de calefacción se activa intermitentemente durante la noche, lo que interrumpe su descanso y le provoca episodios de taquicardia al amanecer.
Ante este panorama, el equipo legal promovió un recurso ante el tribunal federal en Denver para solicitar la flexibilización de las condiciones de reclusión y acceso a tratamiento médico adecuado, así como a clases de inglés.
Pese al aislamiento, la abogada afirmó que Guzmán mantiene interés en participar en una producción cinematográfica sobre su vida y no descarta conceder entrevistas en el futuro.







