Mar Ampuero Crespo/EFESalud

La inflamación es una forma natural que tiene el cuerpo de defenderse para responder ante un agresor externo, por ejemplo, una infección o ciertos alimentos que no sientan bien. Si estos factores no se resuelven correctamente y se cronifican, puede aparecer lo que se conoce como inflamación crónica de bajo grado. 

La nutricionista y bióloga, Isabel Raya explica a EFE Salud que esto puede suceder de manera local, por ejemplo, en el intestino, o de manera sistémica y que tengamos diversos focos de inflamación en distintas partes del cuerpo. 

“Es muy importante que separemos lo que persiste de lo que aparece de forma puntual”, indica Raya, quien ha trabajado varios años para Naciones Unidas y ha colaborado con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en proyectos vinculados a la salud pública y desarrollo sostenible.

La experta aconseja prestar atención a los síntomas y no normalizarlos. 

Síntomas y por qué no ignorarlos

La nutricionista apunta que no hay un síntoma universal que aparezca primero, además, depende de la situación de cada persona. De hecho, los síntomas son más bien señales que persisten.

“Se parece más a una alarma de incendios que suena muy bajito, pero de manera continua. No molesta lo suficiente como para reaccionar, pero tampoco se apaga. Con el tiempo, uno se acostumbra al sonido y deja de prestarle atención, aunque el problema siga ahí”, asegura.

Entre los síntomas más habituales la experta destaca:

  • Fatiga persistente. Esa sensación de estar muy cansados a pesar de haber dormido bien por la noche o, lo contrario, estar agotados pero no poder conciliar el sueño. 
  • Sueño poco reparador. Haber dormido suficiente pero no descansar de verdad.  
  • Molestias frecuentes, como sentir el cuerpo agarrotado, con dolores que aparecen y desaparecen. Por ejemplo, la inflamación articular, sobre todo al levantarse. 
  • Problemas digestivos habituales. En muchas personas la inflamación crónica se manifiesta en el sistema digestivo: una hinchazón constante, digestiones pesadas, irregularidad en el tránsito… 
  • Cambios en el estado de ánimo, como una mayor irritabilidad. 
  • Dificultad para concentrarse. Raya revela que también puede haber inflamación crónica en el cerebro. La neblina mental, que hace que no podamos funcionar a pleno rendimiento.  

La experta insiste en que es importante prestar atención a estos síntomas persistentes y no ignorarlos: “El sistema inmunitario se desgasta, empleamos muchos más recursos, intenta resolver eso y es como un pequeño fuego que cada vez se va haciendo más grande”, subraya. 

Advierte de que es mejor actuar a tiempo que esperar a cronificar la situación, ya que puede derivar en algunas patologías.

Estas podrían ser enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 o la enfermedad cardiovascular; patologías neurodegenerativas,como la enfermedad de Alzhéimer; o autoinmunes, como la artritis reumatoide.

Cuando normalizamos estas señales se nos olvida que nuestro organismo puede funcionar bien. Por ello cree que debemos escuchar nuestro cuerpo, ya que tenemos mucha capacidad para hacerlo.

“Llega un momento en el que nos acostumbramos tanto a ese estado de malestar diario que se nos olvida lo bien que puede funcionar un organismo cuando está realmente bien”, declara Isabel Raya.

Incide en la capacidad inmediata que tenemos de tener una calidad de vida mucho mejor que la que tenemos, y que el abordaje sea cuanto más temprano mejor, para ahorrarnos problemas de salud a largo plazo.

¿Cómo saber si padeces inflamación crónica? 

Una vez hemos hecho el ejercicio de escuchar a nuestro cuerpo y saber si nos está dando señales de que algo no funciona correctamente, es importante acudir al profesional de la salud para que realice una valoración exhaustiva, donde se analice la historia clínica, el estilo de vida y el contexto. 

Existen algunos marcadores analíticos que pueden orientar sobre la presencia de inflamación crónica de bajo grado. Si bien la analítica no es el único factor y debe interpretarse dentro de una valoración global del paciente. 

Uno de los marcadores más utilizados es la proteína C reactiva ultrasensible (PCR-us) y también la ferritina, que permiten detectar niveles de inflamación, afirma Raya.

A nivel metabólico se puede evaluar el perfil lipídico y parámetros como la insulina en sangre, ya que la resistencia a ésta y las alteraciones metabólicas se asocian con estados de inflamación crónica de bajo grado. 

¿Existen diferencias entre sexos? ¿Y entre edades? 

“La inflamación crónica de bajo grado afecta tanto a mujeres como a hombres”, explica Isabel Raya. Sin embargo, existen matices relacionados con las hormonas. 

Durante la etapa fértil las mujeres están protegidas por los estrógenos, que actúan como antiinflamatorios. Esto hace que, antes de la perimenopausia, el cuerpo femenino tenga más ventaja frente a la inflamación en comparación con el masculino. 

En cambio, a partir de la perimenopausia, en torno a los 40 años, las mujeres sufren una caída estrogénica y pueden ser muy susceptibles a la inflamación. 

La edad también juega un papel relevante. Según la especialista, a medida que avanzan los años puede aumentar el riesgo de inflamación crónica, posiblemente por llevar mucho tiempo normalizando síntomas.

«Cuanto más vamos acumulando a nivel de edad, quizá porque llevemos normalizando cosas durante décadas, más cuidado debemos tener en el sentido de que eso realmente derive en algo serio», explica.

Los factores que influyen en la inflamación crónica de bajo grado

Isabel Raya insiste en que la alimentación es solo una pieza más dentro de un conjunto más amplio de factores. 

La nutricionista afirma que tenemos un poder muy importante en las decisiones que tomamos cada día, en cómo son nuestros hábitos. La inflamación está relacionada con el estilo de vida y puede influir dependiendo de:

  • La alimentación, especialmente el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares y harinas refinadas. 
  • El descanso, ya que un sueño poco reparador favorece el estado inflamatorio. 
  • El movimiento y actividad física.
  • Las relaciones sociales
  • La gestión del estrés.
  • El entorno, como la exposición a la naturaleza o la luz solar.

“Toda esa cantidad de ‘inputs’ que entran en nuestro día a día, al final, en nuestro cuerpo se traduce como información”, explica la nutricionista. Esta información puede ser positiva para nuestro cuerpo o, por el contrario, mantener la inflamación activada. 

Raya defiende hablar no solo de alimentación antiinflamatoria, sino de un estilo de vida antiinflamatorio en su conjunto. 

“En definitiva, no podemos hablar de que haya una sola cosa que nos va a resolver el problema, porque al final los seres humanos, por suerte, somos mucho más complejos que una sola variable”, reflexiona. 

Mejorar más que revertir la inflamación 

La experta matiza que, más que hablar de “revertir” completamente la inflamación crónica, prefiere centrarse en la mejora de la sintomatología y la calidad de vida. 

Para entenderlo utiliza una metáfora sencilla: “Si tienes un fuego en la cocina, lo primero de todo que tienes que hacer es retirar lo que lo está provocando”, explica.

En su opinión, muchas personas buscan añadir alimentos o suplementos antiinflamatorios, como la cúrcuma o la leche dorada, sin antes eliminar aquello que está causando el problema.

“Muchas veces queremos seguir con la mano todavía puesta donde quema, en la parte de la placa que quema, pero a la vez quiero meter ese alimento antiinflamatorio que me va a solucionar”, añade. 

Reducir los alimentos que son proinflamatorios es una acción clave: alimentos ultraprocesados, el exceso de azúcar, las harinas refinadas, el alcohol… 

Además de la alimentación, insiste en revisar los hábitos diarios: disminuir el sedentarismo, cuidar la masa muscular y mantenerse en movimiento. 

Hay un factor que, según subraya, puede pasarse por alto: la gestión del estrés. Si se cuida la alimentación y el entrenamiento, pero se mantienen niveles elevados de estrés, la inflamación puede continuar activándose.

“Al final no es tanto qué puedo meter en mi dieta o qué fórmula mágica existe, sino también qué debo, de alguna forma, retirar para apagar ese fuego y cómo puedo mirar el estilo de vida en su conjunto”, asevera.

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