La política económica del gobierno de Rocío Nahle en Veracruz parece haber encontrado una fórmula novedosa para atraer inversiones: abandono, burocracia y deterioro urbano. El resultado está a la vista en la Ciudad Industrial Bruno Pagliai, donde cada vez más empresas optan por hacer maletas antes que seguir operando en un parque industrial que luce más cercano a la decadencia que al desarrollo.
Empresarios del lugar describen una escena poco compatible con el discurso de crecimiento económico: calles destrozadas, iluminación inexistente durante la noche, accesos sin control y áreas verdes convertidas en auténticos matorrales.
La presidenta del Consejo Directivo de la Asociación de Industriales, Sania Arellano, explicó que el deterioro no es nuevo, pero sí cada vez más evidente. Según relató, en la zona existen incluso terrenos comprados por empresas que permanecen abandonados sin que nadie intervenga.
“Hay compañías que adquirieron su terreno y ahí lo dejan. Como nadie dice nada, se convierten en lotes baldíos”, resumió.
Pero el problema no termina en la desidia urbana. También existe un laberinto administrativo digno de manual burocrático.
Los empresarios aseguran que los administradores del parque, identificados como Fondo del Futuro, no realizan mantenimiento, pero tampoco permiten que las propias empresas lo hagan.
El ejemplo que cita Arellano parece sacado de una comedia absurda. Frente a una empresa apareció una fuga de agua que fue reportada al administrador del parque. La respuesta fue contundente, no podían repararla. Pero tampoco autorizaron que la empresa lo hiciera, es decir, ni lo arreglan ni dejan arreglarlo.
Aun así, los industriales aseguran que hay disposición para realizar trabajos básicos de mantenimiento -pintar guarniciones, reparar banquetas o mejorar fachadas- siempre que no se trate de obra pública.
“Tenemos toda la disposición de arreglar lo que esté en nuestras manos”, explicó Arellano.
El problema es que, mientras se discute quién tiene permiso para pintar una banqueta, varias empresas decidieron resolver el dilema de manera más práctica, irse.
Para muchos inversionistas, operar en un parque industrial deteriorado termina siendo más caro que mudarse.
Y así, poco a poco, el que alguna vez fue uno de los polos industriales más importantes del puerto de Veracruz empieza a vaciarse.
Mientras tanto, el secretario de Desarrollo Económico del estado, Ernesto Pérez Astorga -a quien algunos empresarios describen con ironía como una “maceta decorativa”- permanece ausente del problema.
El sector empresarial mantiene ahora la esperanza de que la municipalización del parque industrial permita aclarar el manejo de recursos que los propios empresarios han aportado en los últimos años.
En términos económicos, Veracruz no está perdiendo solamente calles, banquetas o luminarias, está perdiendo empresas.
Y, con ellas, empleos, inversión y futuro. Veracruz sigue arrasado por la moda y los “moditos” gubernamentales.







