• En el día más austero del año litúrgico, cuando Cristo yace en el sepulcro y la liturgia permanece en silencio, una tradición de origen bizantino encomienda a la Virgen María la custodia de la espera.

Al final de la Semana Santa, hay un día sin celebración. El Sábado Santo no tiene Eucaristía ni anticipa la Pascua: la liturgia se detiene en el sepulcro. Cristo está muerto, sepultado, encerrado en la tumba. Todo está en silencio, todo está quieto. No es una pausa simbólica. Es real. El tiempo queda suspendido, aún sin consumar.

Una tradición preservada

La liturgia de la «Hora de la Madre» se celebra en este espacio. Sus orígenes se encuentran en el contexto bizantino, donde el Sábado Santo ya se celebraba con su propia festividad: el Orthros del Gran Sábado, con sus enkómias —cantos fúnebres que enmarcan el epitafio de Cristo— en los que la voz de María aparece no como un comentario, sino como una presencia en medio del duelo. En los círculos latinos, esta tradición se ha adoptado en los últimos tiempos, sin llegar a ser universal, pero manteniendo un carácter preciso: no añade nada a la narración de la Pasión ni anticipa la Resurrección.

Su esencia es fundamental. No introduce ningún acontecimiento. Mantiene la mirada fija en María durante el tiempo en que su Hijo yace en el sepulcro. La tradición la reconoce aquí no como una figura a la que contemplar en el dolor, sino como una presencia que no se retira cuando todo signo se desvanece.

Fe en el tiempo suspendido

El Sábado Santo no ofrece apoyo. Nada sucede para guiar o confirmar. La fe permanece sin apoyo visible, expuesta. La «Hora de la Madre» también mantiene esta medida: el ritmo de los textos no llena el silencio, sino que lo preserva. No busca explicaciones ni construye consuelos. Mantiene abierto un tiempo que no se puede acortar. Es una de las formas más sobrias de tradición litúrgica: no interviene en el silencio, no lo doblega. Lo deja ser.

El silencio y el presente

Esto es quizás lo más difícil de aceptar hoy. Vivimos en un horizonte que tiende a llenar cada vacío, a traducirlo todo en palabras. El Sábado Santo introduce una medida diferente: no nos pide que comprendamos, sino que permanezcamos.

Desde esta perspectiva, el presente no necesita ser nombrado para entrar. Hay madres que conocen la pérdida y una espera sin respuesta, un tiempo que no se cierra, que no encuentra palabras. Su dolor no se da por sentado, no se expone. Permanece, como permanece María, en el mismo espacio donde la palabra se detiene y no basta. En este día, la Madre de Cristo representa a toda la Iglesia que se congrega a su alrededor, convirtiéndose en puente entre la muerte y la vida.

Detenerse

Por eso el Sábado Santo no requiere interpretación. Exige una presencia, aunque sea breve. En un mundo que no tolera el vacío, esta suspensión preservada por la liturgia restituye una posibilidad esencial: la de detenerse, sin anticipar el futuro. La de tener esperanza incluso cuando toda evidencia humana parece negarla.

Misión Artemis II casi a mitad de camino en el regreso a la Luna

Artemis II, Luna, NAsa

La histórica misión Artemis II, que busca el primer regreso del ser humano a la Luna en más de cincuenta años, se encuentra casi a la mitad de su camino al comenzar su tercer día de trayectoria y cuando la NASA no tuvo que realizar una maniobra de corrección, ya que se mantiene en la ruta de vuelo correcta.

La misión, que despegó el pasado miércoles a las 18:35 horas desde el Centro Espacial Kennedy, avanza a 5 mil 632 kilómetros por hora rumbo a la Luna, donde espera llegar este lunes.

La Agencia Espacial Europea captó a la nave Orión a unos 183 mil 936 kilómetros de la Tierra y a unos 244 mil 298 kilómetros de la Luna cuando el reloj marcaba las 23:00 horas del sábado.

Se espera que la tripulación —compuesta por el comandante Reid Wiseman y los astronautas Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— haga historia el próximo lunes al llegar a la cara oculta de la Luna y recorrer la mayor distancia jamás recorrida desde la Tierra: 406 mil 773 kilómetros.

Esta distancia es más lejana que los 400 mil 171 kilómetros que alcanzó la tripulación del Apolo 13 en 1970.

Después de dos días de recorrido, la misión no ha registrado mayores contratiempos; incluso este sábado los controladores de vuelo en el Centro de Control de Misiones del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston cancelaron la primera maniobra de corrección de trayectoria, dado que la cápsula se mantiene en la ruta de vuelo correcta.

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La maniobra constituía el primero de los tres ajustes de trayectoria previstos en el cronograma de la misión para afinar la velocidad y la trayectoria de la nave, que se espera que llegue el lunes próximo a la cara oculta de la Luna para tomar imágenes como preparación para un futuro alunizaje.

No obstante, la agencia espacial estadounidense dijo en un comunicado que cualquier ajuste que resulte necesario podrá incorporarse en una maniobra de corrección posterior.

En una conferencia de prensa este sábado, Lakiesha Hawkins, administradora asociada de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración (ESDMD) de la NASA, dijo que los cuatro astronautas se encontraban con un “gran espíritu” y que en la cápsula Orión están sucediendo “muchas cosas divertidas” en medio de una gran cantidad de arduo trabajo.

Se espera que el astronauta canadiense Jeremy Hansen hable con los periodistas en directo desde Orion a la 1:10 de la madrugada del sábado, hora del Este de este sábado, según la Agencia Espacial Canadiense.

La NASA ha dispuesto un rastreador en tiempo real que muestra la ubicación de la cápsula Orión para que el público pueda seguir la misión desde casa.

El rastreador permite seguir la trayectoria de la misión, así como registrar la velocidad de la cápsula y la distancia, en millas, que la separa de la Tierra o de la Luna.

EFE

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