En un movimiento que redefine el mapa de las telecomunicaciones en México, Grupo Televisa formalizó una alianza con Elon Musk para comercializar servicios de internet satelital de Starlink, enfocándose en el segmento corporativo y gubernamental.
El acuerdo coloca a Bestel -filial de telecomunicaciones de Televisa- como revendedor autorizado, consolidando una estrategia que busca cubrir las zonas donde la infraestructura tradicional simplemente no llega. Más que expansión, se trata de ocupar un vacío histórico en la conectividad nacional.
Desde la óptica empresarial, la conectividad ya no es un servicio complementario, sino un activo crítico para la continuidad operativa. Así lo planteó Federico Garcés, directivo de Bestel, al subrayar que el objetivo es eliminar las limitaciones tecnológicas en regiones aisladas.
El eje de esta alianza radica en la tecnología “direct-to-device” (D2D), que permite a teléfonos móviles y dispositivos IoT conectarse directamente a satélites en órbita baja, sin depender de infraestructura terrestre. En términos prácticos, esto implica comunicación en tiempo real en zonas donde antes era inviable: desde áreas montañosas hasta mares abiertos.
El impacto potencial es doble. Por un lado, se rompe la barrera de la última milla -uno de los principales rezagos en el país-; por otro, se reducen costos de despliegue y tiempos de implementación, factores clave en mercados institucionales.
Sin embargo, la alianza también refleja un fenómeno global, la concentración del poder tecnológico en pocas manos. Starlink domina más del 60 por ciento de los satélites activos en el mundo, con más de 10 mil unidades en órbita, lo que le otorga una ventaja estructural frente a cualquier competidor.
En México, la empresa de Musk ya suma alrededor de 160 mil usuarios y ha ganado contratos gubernamentales relevantes, lo que anticipa una expansión acelerada bajo el respaldo de un actor local como Televisa.
En ese contexto, la economía espacial, valuada en más de 630 mil millones de dólares para 2026, se perfila como uno de los sectores estratégicos del futuro. En ese escenario, la conectividad satelital no solo es negocio, sino también influencia.
La alianza Televisa-Musk no es únicamente un acuerdo comercial; es una señal de hacia dónde se dirige el control de las telecomunicaciones: menos infraestructura física, más dominio orbital.
Y México, una vez más, se convierte en terreno clave de esa disputa.







