El estrecho de Ormuz volvió a convertirse en un punto crítico de la geopolítica global en menos de 24 horas, tras pasar de una breve reapertura a un nuevo cierre impuesto por Irán en medio de acusaciones contra Estados Unidos.

El viernes, Teherán permitió el tránsito de buques comerciales en la estratégica vía marítima, luego del alto el fuego alcanzado entre Líbano e Israel un día antes. Sin embargo, la medida fue limitada: las embarcaciones debían contar con autorización iraní y seguir rutas específicas definidas por sus autoridades.

La reapertura estuvo condicionada a la suspensión del bloqueo naval impuesto por Washington. Irán advirtió que, de mantenerse esa medida, la consideraría una violación del cese al fuego y respondería con el cierre del paso marítimo.

El mismo viernes, el expresidente Donald Trump declaró que el bloqueo contra Irán continuaría vigente, lo que tensó aún más la situación.

Para el sábado, Irán anunció nuevamente el cierre del estrecho, atribuyendo la decisión a lo que calificó como reiteradas acciones de “piratería” por parte de Estados Unidos bajo el argumento del bloqueo naval. Autoridades iraníes informaron que el control del tránsito marítimo fue restablecido bajo estricta supervisión militar y no será levantado hasta que se garantice la libre circulación de sus buques.

Tras la medida, se reportaron incidentes en la zona. Al menos dos embarcaciones mercantes, presuntamente de origen indio, denunciaron haber recibido disparos al intentar cruzar el estrecho, siendo obligadas a retirarse por fuerzas de la Guardia Revolucionaria iraní.

De acuerdo con el diario The Wall Street Journal, cerca de 20 buques que se preparaban para transitar por Ormuz cambiaron su rumbo ante el nuevo cierre.

El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del suministro energético mundial, vuelve así a colocarse en el centro de la incertidumbre internacional.

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